Aviso legal, esta obra escrita por Alejandro Ocaña García se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-SinDerivadas 3.0 Unported

Introducción:

Hoy no vengo a hablaros de la fisiología del ejercicio, ni de sistemas o vías energéticas, ni de cómo maximizar vuestro entrenamiento mediante distintas metodologías. Estos temas, aunque vitales en mi labor como fundador de Grip CrossFit y actualmente director técnico, no son el foco de mi reflexión para este post. ¿Alguna vez has considerado lo que realmente fundamenta nuestra práctica diaria y las preparaciones específicas que realizo? Hoy quiero compartir con vosotros algo más esencial y profundo: MI FILOSOFÍA DE ENTRENAMIENTO. Una filosofía que no solo guía nuestro entrenamiento en Grip Crossfit, sino que también forma cada aspecto de mi enfoque personal como entrenador y atleta.

Desarrollo:

Esta filosofía, compleja y extensa, es el fundamento sobre el que se construye mi manera de pensar, planificar, diseñar y practicar. Aunque requeriría de muchas más explicaciones para ser comprendida completamente, intentaré resumirla de la mejor manera posible en este artículo.

La filosofía del entrenamiento. ¿Cuál es la tuya?

Es posible que nunca te hayas detenido a considerar este aspecto de tu entrenamiento. Sin embargo, en gran medida, tu filosofía refleja la actitud con la que afrontas tu entrenamiento. Del mismo modo, tu actitud durante el entrenamiento revela mucho sobre tu carácter y tu manera de tomar decisiones en el día a día.

Es interesante observar que una de las idéas más comunes en nuestro deporte es la de «siempre a por todo o siempre al máximo», «la intensidad es siempre lo único que importa», o «más es mejor». Sin embargo, aunque la intensidad es un pilar fundamental en el entrenamiento, esta siempre debe ser equilibrada y bien pensada.

Más no siempre significa mejor, menor es mucho mejor.

LA CONSISTENCIA

La consistencia es, de hecho, la base sólida sobre la que debes construir tu filosofía de entrenamiento. Mantener una buena consistencia significa presentarte a tus entrenamientos con paciencia, día tras día, y desempeñar el trabajo tal como está planificado. Es a través de este compromiso continuo y disciplinado que se alcanzan los resultados, logrando progresión a lo largo de períodos extensos de tiempo.

Sin embargo, esto no significa que la intensidad no sea importante. Al contrario, la intensidad es un pilar fundamental en el entrenamiento, pero es crucial entender un concepto; el entrenamiento duro es el entrenamiento inteligente. La clave para una intensidad resulte productiva radica en tener la cantidad adecuada de ella y aplicarla en los momentos correctos. La intensidad no debe ser un esfuerzo ciego, sino una estrategia bien pensada y equilibrada dentro del contexto de un plan de entrenamiento coherente.


Yo entiendo este concepto de la siguiente manera:

Lo fácil y lo difícil… son la esencia de la vida. Entrenar duro, en realidad, es fácil. Es fácil porque la mayoría de las personas que se dedican al fitness en cualquier nivel están motivadas intrínsecamente para hacerlo. Entienden el ‘placer’ que se siente a corto plazo después de unos minutos u horas de esfuerzo. He observado a mis alumnos, de cualquier género y todos los niveles, ya sean principiantes o avanzados, rápidos o lentos, entrenando con intensidad, entregándose por completo durante su hora de entrenamiento. Es su momento del día, una ocasión en la que son capaces de darlo todo.

Por eso, me resisto a aceptar que algo que tantas personas pueden hacer sea realmente tan difícil o ‘duro’.

Entonces, sí aplicar intensidad a tu entrenamiento diario es tan accesible, surge la pregunta: ¿Por qué son tan pocas las personas que logran la excelencia en nuestro deporte o consiguen alcanzar sus objetivos?

La razón es la siguiente:

El verdadero desafío no reside solo en entrenar duro, como una bestia o un animal, sino en hacerlo de MANERA INTELIGENTE, manteniendo al mismo tiempo un estilo de vida que contribuya positivamente a tu rendimiento. Esto, en muchos casos, es lo que diferencia a un verdadero profesional de alguien que simplemente parece serlo, ya sea en las redes sociales o en otras plataformas donde la apariencia puede distorsionar la realidad.

El atleta comprometido va más allá del esfuerzo evidente en el entrenamiento. Adopta un estilo de vida que requiere una dedicación meticulosa para desarrollar y mantener su rendimiento óptimo. Seguro has oído que lo que se hace fuera del entrenamiento es tan importante que el entrenamiento en sí. ¿Alguna vez has reflexionado sobre lo que esto implica para ti?

Por lo tanto, no son simplemente uno, dos o tres entrenamientos aislados, ni tu mejor levantamiento del día o de la semana, los que definen la dificultad de este proceso. Lo que considero verdaderamente difícil es mantener una consistencia y disciplina diarias, no solo en el entrenamiento, sino en todos los aspectos de la vida que impactan en el rendimiento atlético. Esto incluye, una nutrición adecuada, el descanso suficiente, la gestión del estrés, el tiempo compensando adherencias y tensiones en la musculatura, gestión emocional, visualizaciones del entrenamiento, sacrificar ocio y ganarlo en descanso… entre otros factores. Mantener este nivel de compromiso y equilibrio día tras día es lo que realmente pone a prueba la fortaleza y la dedicación de un atleta.

El entrenamiento riguroso y la vida de un atleta conllevan una serie de sacrificios y desafíos únicos, que muchas veces son invisibles para quienes están fuera del mundo deportivo. Aquí describo solo algunos de estos aspectos:

1. La fatiga que te acompaña allá donde vas, te acostumbras.

2. Ser estricto con tu horario y respetar tus biorritmos, llega a ser una limitación.

3. Estar lejos de tu familia y amigos, con la imposibilidad de hacer planes debido a los horarios de entrenamiento o los hábitos que lo acompañan, como el «famoso entrenamiento en silencio o invisible».

4. Estilo de vida diferente, independientemente de la época del año, con un enfoque constante en el entrenamiento y la recuperación.

5. Someter el ocio a la rutina de entrenamiento y descanso.

6. Una nutrición constante y equilibrada para optimizar el rendimiento, la recuperación y el crecimiento muscular, independientemente de la temporada o la fecha en el calendario.

7. No tener fines de semana ni días libres. Estar siempre involucrado en tu entrenamiento, ya sea físico o mental.

8. Existe una presión constante para estar al 100 % cada día, tanto física como psicológicamente. Incluso en días en que el rendimiento físico no es óptimo, la fortaleza mental juega un papel crucial.


Por estas razones, y muchas otras que quedan sin mencionar, creo firmemente que lo realmente difícil no es solo enfrentar estos desafíos, sino hacerlo disfrutando del proceso. Esta capacidad de superar obstáculos mientras se encuentra alegría y satisfacción en el entrenamiento y la superación personal es lo que define a una persona verdaderamente ‘fuerte’.

FOD (Fuerza, Objetivos, Disciplina) y todos mis trabajos, se centra en esta filosofía: no solo en la mejora del rendimiento físico, sino también en superar las dificultades y encontrar placer en este camino. Mi enfoque en el diseño y práctica del entrenamiento personifica esta filosofía. Se trata de un compromiso diario con el proceso, aprendiendo a disfrutar y valorar cada paso del viaje de crecimiento y desarrollo personal. A través de este enfoque, busco no solo construir atletas físicamente capaces, sino también individuos resilientes que encuentren satisfacción y alegría en la perseverancia y la superación de desafíos.

Si somos conscientes con respecto a lo que hacemos repetidamente, podemos practicar quiénes queremos ser y, a través de esa práctica, convertirnos en la persona que deseamos.» – Eric Greitens

Entonces, ¿Qué es lo verdaderamente difícil o duro? en mi opinión, lo duro o lo difícil radica en lo que ocurre entre el final de un entrenamiento y el comienzo del siguiente. Ese período intermedio no ofrece recompensas inmediatas, pero es crucial para el logro de metas a largo plazo, no solo objetivos a corto plazo de semanas o meses, sino de años.

PACIENCIA EN EL PROCESO

El verdadero desafío está en la gestión de la intensidad durante los entrenamientos. El ir demasiado fuerte en los días considerados “fáciles” puede llevar a que no tengas suficiente energía para los días verdaderamente difíciles. Si llegas a un entrenamiento demasiado cansado o dolorido para trabajar a la intensidad requerida, no cumplirás con el propósito de esa sesión y, por ende, comprometerás tu progresión a largo plazo.

Es importante comprender que cuando la intensidad conduce a la inconsistencia, se convierte en un obstáculo para el éxito. Sin embargo, cuando se logra manejar adecuadamente la intensidad en todos sus aspectos y patrones que se presentan en este deporte, estaremos más cerca de alcanzar el éxito y nuestros objetivos. Por esto, aunque la intensidad es un pilar fundamental y la esencia de nuestro entrenamiento, no se trata solo de «más intensidad», sino de cómo esta se integra y equilibra con el resto de nuestro régimen de entrenamiento.

Esta perspectiva subraya la importancia de un enfoque equilibrado y considerado hacia el entrenamiento, donde la recuperación y la gestión inteligente de la intensidad son tan cruciales como el esfuerzo físico mismo.

El equilibrio entre desafiar tus límites y actuar de manera sensata es una línea fina y valiosa en el entrenamiento. Esta idea se encapsula en la filosofía por la que se compone mi día a día y todos mis trabajos, donde la intensidad es un aspecto clave. Se espera que tu esfuerzo sea del 100 % durante el entrenamiento, esto significa abrazar la intensidad y el esfuerzo que conlleva con serenidad y gratitud. Sin embargo, en otras sesiones, es vital prestar atención a los detalles técnicos de un movimiento o limitarte a practicar dentro de un conjunto de intervalos específicos, incluso si sientes que podrías ir con más intensidad, más duro o más rápido. El desafío no siempre radica en empujar al máximo, sino en reconocer cuándo es beneficioso moderar el esfuerzo para cumplir con el propósito específico de la sesión.

Este enfoque no solo fomenta un mejor rendimiento, sino que también ayuda a prevenir lesiones, sobreentrenamiento (Overtraining), sobrelimitación (overreaching) o sobrecarga funcional (FOR) entre otras situaciones fisiológicas desfavorables, asegurando que cada entrenamiento contribuya de manera efectiva a tus metas a largo plazo. La habilidad para navegar en esta ‘delgada línea’ entre lo que es demasiado y lo que es suficiente, entre lo difícil y lo fácil, es esencial para un entrenamiento exitoso y sostenible.

«Cuando pienses en rendirte, recuerda por qué empezaste.» – Mike Jovanni

Y entre tú y yo, debo admitir que no siempre sigo al pie de la letra esta filosofía de equilibrio. A veces, cuando tengo la oportunidad de superar un EMOM, lo hago; si puedo completar 6 rondas en 5 minutos en lugar de los 7 minutos previstos, también lo hago; y si me propongo ir al 70 % de mi esfuerzo percibido en un levantamiento, pero siento que puedo dar el 90 o 100 %, no dudo en hacerlo. Esta actitud es también una parte vital del entrenamiento y de la fisiología humana. El cuerpo no es una máquina que funcione con precisión numérica; es esencial escucharse y autorregularse. Sin embargo, soy consciente de que este no es siempre el mejor camino. Aunque este ímpetu es parte de la filosofía de FOD, es crucial saber dosificar esa energía y motivación que alimentamos cada día. El equilibrio entre empujarse a uno mismo y escuchar al cuerpo es clave para un entrenamiento sostenible y efectivo.

Te invito a tomar un momento para reflexionar (y tal vez escribir) sobre tu propia filosofía de entrenamiento. ¿Cómo crees que debes entrenarte para progresar y así alcanzar tus mejores resultados? ¿La coherencia y la paciencia son pilares de tu filosofía de entrenamiento? Si no lo son, ¿por qué los sustituyes? Sé honesto contigo mismo al considerar estas preguntas, ya que la sinceridad en tu enfoque es fundamental para tu desarrollo y éxito en el entrenamiento.

La diferencia entre «ir a por un esfuerzo total» y «ir a una máxima intensidad» es sutil pero significativa, y la comprensión de estos conceptos es crucial en el entrenamiento.

Ir a por un esfuerzo total: implica dar todo lo que tienes en un momento dado, empleando todos tus recursos físicos y mentales, pero sin llegar a deteriorarlos. Este enfoque se centra en la entrega total y el compromiso con la tarea, sin importar el nivel de habilidad o la condición física actual.

Por otro lado, ir a una máxima intensidad: se refiere específicamente a alcanzar el límite superior de tu capacidad física o de rendimiento en un ejercicio o actividad concreta. Esta intensidad máxima es a menudo de corta duración debido a su exigencia y se centra más en la potencia y la fuerza máximas que se pueden generar en un momento específico.

Ambos conceptos, esfuerzo total y máxima intensidad, son importantes en el entrenamiento, pero tienen aplicaciones y resultados diferentes. El esfuerzo total es más holístico y se refiere a un esfuerzo duradero que se realiza dentro de un marco de seguridad, manteniendo la forma, la eficiencia y la mecánica adecuada. En cambio, la máxima intensidad es más específica y se centra directamente en la capacidad física máxima que se puede alcanzar en una tarea determinada, sin tener como guías las capacidades antes mencionadas.

Y es aquí donde entra en juego la paciencia, una virtud esencial en el entrenamiento. La paciencia te permite tener una visión a largo plazo, reconociendo que el progreso y el logro de objetivos significativos llevan tiempo. Una visión paciente permite valorar y dar contexto a cada sesión de entrenamiento, entendiendo que es la acumulación constante de sesiones de calidad y esfuerzo lo que conduce al éxito.

«No cuentes los días, haz que los días cuenten.» – Muhammad Ali

La impaciencia, por otro lado, a menudo conduce a expectativas poco realistas y frustración, lo que puede dar como resultado una mentalidad negativa o en la adopción de enfoques de entrenamiento no sostenibles. La paciencia te ayuda a establecer expectativas realistas y a adoptar un enfoque más constructivo y sostenible hacia tus metas, lo cual es esencial para el éxito a largo plazo en cualquier disciplina deportiva.

Reflexiona sobre tus hábitos actuales y pregúntate si están alineados con tus metas y con la persona en la que deseas convertirte. Tal vez no hayas considerado antes que tus hábitos son, en realidad, elecciones. Debes saber que cada día tomamos decisiones que, a través de la repetición, se transforman en acciones habituales. Muchos de nuestros hábitos se formaron hace tanto tiempo que quizás ni recordamos su origen. Esta reflexión es clave para entender y potencialmente redirigir nuestras rutinas diarias hacia nuestros objetivos a largo plazo.

Conclusión:

En conclusión, lo verdaderamente difícil, en mi opinión, radica en lo que ocurre entre el final de un entrenamiento y el comienzo del siguiente. Este período intermedio es crucial para el logro de metas a largo plazo. Te invito a reflexionar sobre tu propia filosofía de entrenamiento. ¿Cómo crees que debes entrenarte para progresar y así alcanzar tus mejores resultados? La diferencia entre «ir a por un esfuerzo total» y «ir a una máxima intensidad» es sutil pero significativa, y la comprensión de estos conceptos es crucial en el entrenamiento. ¿Por qué entrenas? ¿Alguna vez te has detenido a pensar en esto? Dedicamos mucho tiempo y esfuerzo a nuestro entrenamiento diario, pero ¿cuál es el propósito de todo esto?

Tener claridad en estos aspectos es crucial, ya que te motivará a dar el 100% cada día. Además, te ayudará a evitar sentirte perdido y a ver el entrenamiento como algo más que una simple tarea diaria.

MENTALIDAD

No se nace mentalmente fuerte, tú eliges serlo. El nivel de fortaleza mental que alcances dependerá en gran medida de los hábitos que cultives y de tu disciplina al enfrentar las ‘cosas difíciles’ y desagradables. La fortaleza mental consiste en aceptar las dificultades, abrazar la incomodidad y lo que a algunos les gusta llamar la rutina. Es un proceso de aprendizaje continuo en el que te entrenas para manejar y superar la dificultad.

La mente es increíblemente importante en todo deporte de alto rendimiento, y esto es especialmente cierto en el fitness. Aquellos que practican fitness a un nivel más profesional saben que es una disciplina exigente en el día a día. El fitness requiere una movilidad y elasticidad que solo se logra con trabajo constante. Además, exige una disciplina rigurosa en el aprendizaje de técnicas y habilidades, que solo se alcanza con horas y horas de entrenamiento, cansancio, dolor y pereza. En estos momentos difíciles es cuando tu carácter, tu motivación y tu mentalidad entran en juego.

Los atletas profesionales dedican mucho tiempo a mejorar su rendimiento físico y técnico, así como a la nutrición y al descanso. Sin embargo, el aspecto psicológico del rendimiento deportivo a menudo se pasa por alto, a pesar de ser uno de los motores más importantes del rendimiento físico. Las estrategias psicológicas utilizadas por los atletas de élite, como la motivación, el nivel de activación, la atención, la autoconfianza, el entrenamiento mental, el manejo del estrés y la agresividad controlada, son fundamentales para crear un estado mental óptimo y garantizar un rendimiento eficiente bajo presión.

Sin embargo, muchos programas no le dan la importancia necesaria a este aspecto, y esto es increíble, porque casi todas las sensaciones durante un WOD son señales de nuestra mente en momentos difíciles. Esas dudas o preguntas que surgen durante el entrenamiento suelen ser momentos de debilidad que desatan nuestros mayores miedos o temores.

Estos y más aspectos son los que intento abordar a través del diseño inteligente del entrenamiento. Al igual que entrenas tu cuerpo para ser más fuerte y resistente, debes entrenar tu mente para construir personalidad, confianza y agresividad. Los entrenamientos que desafían tus límites psicológicos, tanto físicos como en tolerancia al dolor, son esenciales.

Considera comenzar tus entrenamientos con ejercicios que sabes que serán desafiantes, para construir tu carácter.

Ejemplo práctico:

Un entrenamiento consiste en 9 intervalos con estaciones de trabajo de 45 segundos y descanso de 90 segundos.

– 45 segundos de máximos Thrusters con 50 kilos.

– 15 segundos de transición para observar tus pulsaciones y sensaciones musculares.

– 45 segundos de máximos Muscle ups en barra.

– Seguido por tus 90 segundos de descanso.

En este entrenamiento, es crucial centrarse en el aspecto mental. No se trata de contar repeticiones o de tener objetivos claros, sino de enfrentar el “sufrimiento” y tus pensamientos, ya sean positivos o negativos. Este es tu verdadero entrenamiento mental.

Considera, por ejemplo, cómo influye el número de Thrusters en tu rendimiento en los Muscle-ups. ¿Si haces 12, 15 o 17 Thrusters, cómo afectará eso a tu capacidad para realizar Muscle-ups? Este tipo de reflexión simple y autoevaluación es esencial para un atleta.

El diálogo interno y la valoración personal son clave para generar confianza, y esta confianza a su vez conduce a una mayor seguridad en tus capacidades. Esta seguridad es lo que te permite completar un EMOM que pensabas que era imposible, o realizar un set de 18 Ring Muscle-ups de manera unbroken, (siempre partiendo de la base de que tienes el rendimiento adecuado para ello). Este ciclo de confianza y seguridad es fundamental en competiciones, clasificatorios o cualquier evento deportivo.

En el resumen del trabajo pude ejecutar diferentes ritmos, pero en todos, excepto en el intervalo 8, mantuve un ritmo de 16 thrusters y 9 muscle-ups. En el intervalo 8, elegí aumentar el umbral de dolor realizando 19 thrusters y 12 muscle ups. Buscar la dificultad en el entrenamiento es clave, cómo elegir un lugar donde el sol te distraiga, limitarte en el uso de magnesio o no mirar las rondas ni el reloj. Esto te obliga a confiar en tu ritmo y cadencia de repeticiones, además asegura que no pares antes de tiempo. Incluso detalles como colocar las anillas más altas pueden aumentar la dificultad.

«Haz lo complejo aún más complicado, para que lo menos difícil se vuelva fácil.» – Alejandro Ocaña

Buscar el dolor real, ese que cuestionas si podrás tolerar, es esencial. Pero no se trata solo de entrenamientos extenuantes e interminables; puede lograrse incluso en 120 segundos de trabajo intenso. He experimentado entrenamientos de 150 minutos, como EMOM y AMRAP, tan desafiantes como 30 segundos de esfuerzo, cada uno con un tipo diferente de dolor. Todo suma y cuenta en el proceso.

Es crucial entender que cada atleta de élite tiene debilidades, pero lo importante es cómo las abordan. Aspectos como la estrategia ante un entrenamiento, la respiración, la sincronización entre los objetivos y el ritmo, y los hábitos dentro del mismo influyen en tu rendimiento. Al igual que identificas errores en un levantamiento de snatch, debes identificar qué falla en tu mentalidad. Recuerdo las palabras de Rich Froning por el 2012, quien señaló que la diferencia entre los atletas de élite no está en las 10 aptitudes físicas, sino en cómo gestionan la undécima aptitud, la mental.

El crecimiento mental es un proceso que se construye día a día. Habrá momentos de desorientación y otros de plenitud. La perseverancia en este aspecto es clave para el éxito en el entrenamiento. Todos estos factores cambian completamente el resultado y son los que intento que implementéis en vuestro día a día.

En tu lugar de entrenamiento, no todos los días serán perfectos, pero como dice Pat Riley, «la excelencia no proviene de sesiones de entrenamiento grandiosas, sino del esfuerzo constante por mejorar». Este proceso se refiere a las acciones consistentes que tomas para alcanzar tus objetivos, las cuales pueden ser aleatorias o estar bien organizadas en rutinas diarias. Estas acciones son los medios por los cuales te acercas o te alejas de tus metas.

Un enfoque consciente en la preparación, como el calentamiento y el estiramiento enfocados, es crucial, así como una práctica deliberada de la técnica de los ejercicios. Es importante recordar que la recuperación comienza inmediatamente después de la última sesión de entrenamiento y que una recuperación efectiva mejora la calidad de la próxima sesión.

Tras el entrenamiento, es vital hacer un seguimiento y análisis constructivo, con notas de mejora. A menudo, como atletas, tendemos a medir nuestros entrenamientos por los resultados, como tiempos y pesos, pero es importante reconocer que el proceso que lleva a estos resultados es igualmente significativo.

El éxito en las sesiones de entrenamiento podría depender más de la consistencia y el enfoque que de los números. Al ser implacables en el enfoque y adherirse al proceso, te comprometes con la mejora y el logro a largo plazo, comprometiéndote con el éxito. Como dice Jim Rohn, «el éxito son unas pocas disciplinas practicadas constantemente, mientras que el fracaso son errores de juicio repetidos».

Cada día, mi meta es incorporar esta visión en tu entrenamiento. No te conformes con seguir programas que se centren únicamente en umbrales de trabajo o metodologías complejas; más bien, observa, piensa, analiza, deduce y actúa.

CONCLUSIÓN

La excelencia no se origina únicamente en sesiones de entrenamiento grandiosas, sino en el esfuerzo constante por mejorar, en la calidad constante. Más que los números, lo que realmente determina el éxito es la consistencia y el enfoque. Al comprometerte con el proceso, te dedicas no solo a la mejora inmediata, sino también al logro sostenido a largo plazo. En mi enfoque diario, busco inculcar estos principios en tu entrenamiento. El éxito trasciende las disciplinas practicadas de manera constante; reside igualmente en cómo gestionamos nuestra mentalidad, esa undécima aptitud esencial que nos define como atletas y seres humanos.

«La coherencia en la actitud, hábitos y disciplina son los pilares del éxito»

DOLOR

Existe la creencia popular de que los que más sufren son quienes ganan en una competición, pero la realidad es más matizada. Los ganadores son aquellos que soportan un mayor esfuerzo y gestionan mejor el dolor. Por otro lado, los que realmente sufren son los que no alcanzan sus metas, los que se lesionan, entre otros. El sufrimiento es un sentimiento, mientras que el esfuerzo es una percepción. Todo lo bueno llega después del esfuerzo; si lo evitamos, bloqueamos nuestra propia mejora.

En otras palabras, se trata de amar el proceso y transformar el dolor. Antes de una clase, a menudo les digo a mis alumnos que reciban el dolor con ‘alegría’, tranquilidad y serenidad. Creo que esta es la clave: cuando aprendes a aceptar y transformar el dolor, este pierde su impacto negativo en ti.

«De ahí surge mi mantra: ‘El dolor es obligatorio, pero el sufrimiento es opcional’. El sufrimiento a menudo nos toma por sorpresa, pero si aceptamos de antemano que experimentaremos dolor, mucho dolor, y aprendemos a dejarlo pasar sobre nosotros, su impactO se debilita. Al hacerlo, nos convertimos no en víctimas del dolor, sino en directores de nuestra propia experiencia, controlándolo hasta cierto punto. Esta actitud demuestra que, efectivamente, el sufrimiento puede ser una elección.

Entonces, ten claro esto, sufres porque aún no has aprendido a gestionar el dolor, y esta es una habilidad que definitivamente se puede entrenar. En tu próximo entrenamiento, haz una pausa antes de empezar. Reflexiona y conversa contigo mismo sobre cómo controlar, aceptar y transformar ese dolor. Al hacerlo, realmente evitarás el sufrimiento.

En el ámbito del entrenamiento físico, hay una verdad universalmente reconocida pero raramente explorada en profundidad: el dolor es un compañero constante en nuestro viaje. En disciplinas tan exigentes como el CrossFit, el dolor no debe verse como un enemigo a temer, sino más bien como un aliado inesperado. Aquellos que logran transformar su relación con el dolor, están en camino de alcanzar grandes logros.

RECICLAJE DEL DOLOR

El dolor en el entrenamiento es una entidad compleja, a menudo malinterpretada. No es meramente una señal de fatiga o daño, sino un indicador de crecimiento y superación. Aquellos que logran hazañas extraordinarias en el entrenamiento no son quienes han evitado el dolor, sino quienes han aprendido a entenderlo, a convivir con él, y finalmente, a transformarlo en un catalizador para su crecimiento.

‘Reciclar’ el dolor implica una recontextualización de esta sensación. No se trata de resistirse o de sufrir innecesariamente, sino de abrazar el dolor como parte de un proceso más amplio. Es un acto de aceptación, donde el dolor se convierte en un escalón hacia una mayor fuerza y autoconciencia. Esta aceptación abre la puerta a una nueva dimensión en el entrenamiento, donde el dolor se convierte en un maestro, un guía hacia nuestros límites y cómo trascenderlos.

Una lección fundamental en mi viaje ha sido la importancia de no exteriorizar el dolor. Cuanto más lo expresamos, más poder y presencia le otorgamos. En mi práctica, he observado que, al no verbalizar el dolor, al no darle un protagonismo excesivo, se mantiene más como una sensación pura y menos como una entidad personificada. Es como un dibujo sin color, que sólo adquiere forma y sustancia cuando decidimos «colorearlo» o darle forma.

‘Reciclar’ el dolor en el entrenamiento implica una serie de acciones y actitudes mentales. Aquí, algunas estrategias que he adoptado y que han demostrado ser efectivas:

Aceptación activa: En lugar de luchar contra el dolor, aprendí a aceptarlo como parte del proceso. Esta aceptación no es pasiva, sino un acto consciente de reconocimiento y comprensión. Deja que fluya por ti, relájate ante él, no luches contra él, aprenderás a dominarlo.

Atención plena y meditación: Estas prácticas me han ayudado a observar el dolor desde una distancia emocional, permitiéndome experimentarlo sin ser derrumbado por él.

Visualización positiva: Visualizar el dolor como una energía que fluye a través de mí, no como un obstáculo, sino como un catalizador para el crecimiento.

Ejercicio de Respiración: He encontrado que concentrarme en mi respiración durante los momentos de dolor intenso me ayuda a manejarlo mejor, utilizando cada inhalación y exhalación como una herramienta para trabajar a través del dolor.

Reflexión Post-Entrenamiento: Después de cada sesión, intento dedicar tiempo a reflexionar sobre las experiencias de dolor, analizando cómo me afectaron y qué pueden enseñarme.

Y por último, aquellos que se consideran a sí mismos como más sensibles al dolor, quienes incluso pueden pensar que no pueden soportarlo, son, en realidad, quienes poseen una capacidad increíble para reciclarlo. Esta sensibilidad, lejos de ser una debilidad, se convierte en una poderosa herramienta para la transformación personal y el crecimiento en el entrenamiento.

Las personas sensibles tienen una mayor conciencia de sus sensaciones corporales y emocionales. Esta aguda percepción del dolor, en lugar de ser un impedimento, les permite tener una comprensión más profunda de su naturaleza y sus efectos. Al ser más conscientes del dolor, tienen la habilidad de trabajarlo, transformarlo y aprender de él de maneras que otros quizás no pueden.

Este enfoque único, puede transformar tu experiencia con el dolor en el entrenamiento, y a partir de aquí, mirarlo como un puente hacia una mayor comprensión de tus capacidades, un indicador de crecimiento y fortaleza.

MANTRAS

A continuación, os dejo algunos mantras que en momentos difíciles del pasado me ayudaron a seguir adelante. Estos principios han sido pilares en mi viaje tanto personal como profesional, y espero que puedan serviros de guía e inspiración en vuestros propios desafíos y aspiraciones. Cada uno de ellos, encapsula una verdad fundamental sobre el camino hacia el éxito y la excelencia en el deporte como en la vida.

SUEÑOS

Johann Wolfgang von Goethe dijo una vez: «No sueñes en pequeño, pues ellos no tienen el poder de mover los corazones de las personas.» Todos tenemos sueños que nos inspiran a alcanzar grandes metas. En el deporte, estos sueños pueden ser la chispa que nos impulsa a esforzarnos más, imitar a los atletas que admiramos, y transformar deseos en realidades tangibles. Un sueño, cuando es visto como una posibilidad real, se convierte en un objetivo concreto por el cual luchar.

METAS Y OBJETIVOS

William James afirmó: «El éxito es un ideal interior seguido persistentemente con coraje, y una manifestación externa de ese ideal.» Los sueños son el inicio, pero los objetivos implican un camino de compromiso y acción. Los objetivos son la materialización de esos sueños en un futuro prometedor para aquellos dispuestos a trabajar arduamente para hacerlos realidad.

RESULTADOS

A menudo, en el deporte, nos enfocamos en resultados específicos, como clasificar para un evento o conseguir un contrato de patrocinio. Sin embargo, Steven Pressfield nos recuerda: «solo tenemos derecho a nuestro trabajo, pero no a los frutos de nuestro trabajo. Todo lo que el guerrero puede dar es su vida; todo lo que el atleta puede hacer es dejar todo en su entrenamiento.» Estos resultados, aunque motivadores, están fuera de nuestro control directo.

METAS EN TU DESEMPEÑO

Las metas de rendimiento deben ser tangibles y medibles. No siempre tienen que ser cifras; también pueden ser relacionadas con el rendimiento en eventos específicos o sesiones de entrenamiento, como alcanzar un peso específico en una arrancada o realizar un número determinado de Ring Muscle ups sin romper la serie. Pero siempre deben de ser establecidas de manera escalonada y dentro de un marco de tiempo razonable. Además, deben estar bajo tu control, esto es un punto muy importante.

Sin embargo, identifico un problema recurrente en el rendimiento de muchos atletas, que suele originarse en un desequilibrio o en una gestión deficiente del programa de entrenamiento. No resulta beneficioso que un atleta sea excepcional en una disciplina, como levantar 130kg en una arrancada, si simultáneamente muestra deficiencias en otras áreas, como la incapacidad de realizar más de 30 pull-ups unbroken o completar 100 double-unders sin fallos. Mi filosofía, busca equilibrar el rendimiento del atleta, esforzándose por mejorar tanto su máxima capacidad como su habilidad para manejar un porcentaje significativo de esa máxima en repeticiones o en combinación con ejercicios pliométricos. Este enfoque busca la máxima eficiencia y evita que las carencias limiten la habilidad atlética general.

EL PROCESO

Los objetivos del proceso son los pequeños pasos diarios que unen tus sueños con la realidad. Son las acciones concretas que puedes (y debes) realizar para lograr tus metas. Tu éxito como atleta está directamente relacionado con tu capacidad para ejecutar este proceso. Aquí es donde realmente ocurre la magia.

TU VERSIÓN

Cada objetivo implica la suposición de que, al alcanzarlo, te convertirás en una mejor versión de ti mismo. Sin embargo, esta mejora no ocurre instantáneamente al alcanzar el objetivo; más bien, sucede durante el proceso hacia ese objetivo. Lograr tus metas requiere un firme compromiso, una promesa a ti mismo de llevar a cabo lo que te has propuesto. Manteniendo esta promesa, construyes confianza en ti mismo y avanzas hacia la realización de tus objetivos.

CONCLUSIÓN FINAL

Como mencioné al inicio, mi propósito al escribir este artículo no es promocionar programas de entrenamiento específicos, ni detallar metodologías complejas o la fisiología que aplico en ellos. Mi objetivo es mucho más personal y fundamental: quiero compartir con vosotros la filosofía que guía cada uno de mis días y todo lo que hago. No se trata solo de lo que enseño, sino de lo que practico y vivo a diario. Este artículo es una ventana a mi enfoque y creencias, un reflejo de mi compromiso no solo con el fitness como disciplina, sino también con el desarrollo personal y la búsqueda constante de superación. Quiero que comprendáis que más allá de cualquier técnica o rutina, es la mentalidad, la pasión y la dedicación lo que realmente define nuestro camino y resultados