Como hemos visto en apartados anteriores, existen enzimas que regulan el almacenamiento de grasa (y que las dietas altas en azúcares y carbohidratos refinados activan y potencian de forma especial, tambien hay estudios los cuales muestra como los edulcorantes, y quimicos de la alimentación actual puede llegar a inciarlo). Una de estas enzimas  es la lipoproteinlipasa (LPL), que tiene un rol muy importante transfiriendo los ácidos grasos del torrente sanguíneo a las células. Aunque está distribuida por todo el cuerpo, nuestros genes determinan en gran medida su concentración en diferentes zonas. Y en función de su concentración, habrá más probabilidad de que las células almacenen grasa con mayor intensidad. Por ejemplo, en general, las mujeres suelen tener más LPL en cintura, glúteos y muslos, y los hombres en la cintura, por eso el exceso de grasa suele distribuirse de forma diferente en función del sexo. Si su herencia genética hace que en algunas áreas corporales sus niveles de LPL sean elevados, su tendencia a acumular grasa en esos lugares será mayor y difícil de contrarrestar. Es la famosa grasa localizada, situada en las zonas más rebeldes. Son las primeras en hincharse con las células adiposas y las últimas en dejar paso al músculo magro. Incluso en aquellas personas que pierden mucho peso y grasa corporal, estas zonas suelen resistirse hasta el último momento, en algunos casos incluso pareciendo imposibles de erradicar.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que la historia que ha quedado grabada en las células de nuestro cuerpo también influye, nuestro pasado y nuestras experiencias pueden tener consecuencias que afecten al presente y a la dificultad para adelgazar. Numerosos estudios han relacionado la obesidad en la infancia con una mayor probabilidad de obesidad y otras dolencias en la edad adulta. Es evidente que, de nuevo, la genética tiene un papel primordial, pero no de forma exclusiva.

Las células del tejido adiposo o adipocitos son capaces de multiplicar su tamaño para almacenar grandes cantidades de grasa. Cuando llegan a su capacidad de almacenamiento máxima, nuestro organismo es capaz de crear nuevos adipocitos que seguirán almacenando grasa de forma eficaz. Por lo tanto, si hemos pasado con frecuencia por ciclos de obesidad-adelgazamiento, es probable que en cada pico de obesidad hayamos acumulado nuevas células grasas, tal y como se comprobó en el estudio de 2012 “Effects of weight gain and weight loss on regional fat distribution“. Es decir, una persona que en su infancia haya sido obeso, es mas propenso a serlo en su pubertad o edad adulta, es por la creación de células grasas o adipocitos. Esa persona siempre engordara con mas facilidad, que una persona cuya infancia, la vivió delgada.

Si las subidas de peso son cíclicas y repetitivas, por cada vez que volvemos a engordar se crean nuevos adipocitos que se van acumulando especialmente en esas zonas. El problema es que la creación de estas nuevas células se realiza con facilidad, pero su eliminación es otra historia. Aunque con una dieta adecuada se puede conseguir con relativa facilidad que reduzcan su tamaño, nuestro cuerpo no los hace desaparecer de forma tan sencilla y tiende a conservarlos como medida preventiva para el futuro. No obstante, esta demostrado que se eliminan pero con constancia…con el paso de los años.

Así que ya sabe una razón por la que sus michelines o sus muslos se resisten a perder volumen. Además de por su carga genética y distribución corporal, puede que le estén pasando factura ciclos y dietas del pasado, que le dejaron como herencia adipocitos de más que ya no quieren irse. Tendrá que tener paciencia y procurar evitar que se repitan esos altibajos.

Un ejemplo al porque una persona que en su infancia haya sido obeso, es mas propenso a serlo en su pubertad o edad adulta, es por la creacion de celulas grasas o adipocitos. Esa persona siempre engordara con mas facilidad, que una persona cuya infancia, la vivio delgada. Os dejo un impresionante video el cual nos muestra unas de las causas de la obesidad , el ciclo de princioio a fin, para que entendamos que la obesidad también es un TCA (trastorno de la conducta alimenticia) igual que la anorexia o bulimia.

¿Tenemos un “punto de ajuste” para la regulación de la energía?

Por si todavía no está convencido de que la gestión energética es algo más complejo que calorías que entran y calorías que salen, voy a presentarle un concepto que a veces suelen utilizar los expertos para intentar entenderla mejor. Existen diferentes planteamientos y teorías que intentan explicar los procesos implicados y, aunque sea muy difícil encontrar un modelo que lo haga en su totalidad, hay diversas aproximaciones interesantes y que pueden ser útiles. Vamos a hablar del concepto del “punto de ajuste” o “set-point”.

Esta teoría propone que todos tenemos un punto de referencia en el cerebro (hipotálamo) regulado principalmente mediante el tejido adiposo (que es el que segrega hormonas dirigidas a controlar la cantidad de comida que ingerimos). Algo parecido a una especie de termostato, por decirlo de forma muy simplificada; cuanto se activa ese punto, tenemos hambre y buscamos comida. Y cuando comemos suficiente, se desactiva y nos sentimos saciados. O viceversa. Como lo hace el aire acondicionado de su trabajo o el sistema de enfriamiento de su nevera.

Derivadas de este planteamiento básico, se han desarrollado otras teorías más sofisticadas. Algunos expertos proponen puntos de regulación duales. Otros se inclinan por el llamado settling-point, es decir, un punto de regulación algo más complejo, en torno al cual son varios los factores que buscan el equilibrio, creando una red de interacciones entre ellos.

Ninguna es perfecta y cada una tiene ventajas e inconvenientes, pero insisto en dejar claro que realmente no existe exactamente tal termostato, son modelos e ideas con las que explicar algunos complejos mecanismos del metabolismo humano y de la regulación de la energía. El artículo publicado en 2011 “Set points, settling points and some

alternative models: theoretical options to understand how genes and environments combine to regulate body adiposity” o el publicado en 2010 “Is there evidence for a set point that regulates human body weight?” pueden ser una interesante lectura para profundizar al respecto.

¿Y cómo se explicaría la obesidad según estas teorías? La culpable sería nuestra forma de vida actual, y sobre todo la dieta occidental, la que podría desajustar este punto y convertirlo en un mecanismo de control ineficaz. Algunos estudios e investigaciones parecen aportar indicios de ello; por ejemplo, en el estudio “A Role for Brown Adipose Tissue in Diet-Induced Thermogenesis” (1997), se ofreció a un grupo de ratas alimento equivalente a la comida rápida durante un tiempo, lo que tuvo como consecuencia un rápido e importante aumento de su peso, ya que comían bastante más de lo que realmente necesitaban. Al volver a alimentarlas con su alimento habitual, perdieron el peso acumulado. Repitiendo el ciclo varias veces, la secuencia de resultados se repetía: las ratas engordaban y posteriormente recuperaban su peso inicial al volver a su comida normal.

En el estudio de 1994 “Recovery of initial body weight and composition after long-term massive overfeeding in men” se sometió membros de una comunidad Massa (Camerún) durante unos seis meses a una dieta de sobrealimentación masiva que les hizo aumentar de peso una media de casi veinte kilos. Posteriormente, cuando se les dejó volver a su dieta habitual, en dos años y medio y sin ningún tipo de presión social por adelgazar, perdieron todos los kilos que habían engordado.

Entre los paciente sometidos a cirugía bariátrica (en concreto baypass gástrico) también parecen hallarse evidencias en torno a esta teoría. En el estudio de 2006 “Gut Hormone Profiles Following Bariatric Surgery Favor an Anorectic State, Facilitate Weight Loss, and Improve Metabolic Parameters” se explica que con esta técnica se obtienen mejores resultados que con otros tipos de cirugía bariátrica, y por encima de lo que sería esperable por su efecto de disminución de la absorción de alimentos. Los expertos deducen que existe algún tipo de mecanismo que mejora o arregla la capacidad de autorregulación. En el propio estudio se sugieren los mecanismos que provocan este cambio, ya que se observó que tras esta cirugía se modifica de forma significativa la segregación de varias hormonas (Ghrelina, GLP-1, Péptido YY, etc) de forma mucho más evidente que con otras técnicas. En el artículo de 2012 “Set-point theory and obesity” se puede conocer con algo más de detalle la relación entre este tipo de cirugía y los modelos de set-point.

Otro interesante artículo de 2011, “Physical inactivity as the culprit of metabolic inflexibility: evidence from bed-rest studies“, nos acerca a otra de las claves para este desajuste, el sedentarismo. En el mismo se recopilan los estudios que analizan los efectos de la inactividad física extrema (personas que tienen que estar largos periodos detiempo sin poder moverse) en el metabolismo (aumento de la resistencia a la insulina, reducción de la oxidación de grasa, reducción del tráfico de lípidos entre músculo y tejido adiposo, inducción del almacenamiento de grasa ectópica…) y concluye que el ejercicio físico aporta una mayor “flexibilidad” al metabolismo para adaptarse sin efectos negativos a las diferentes circunstancias energéticas y nutricionales. Que es otra forma de decir que es capaz de regularse adecuadamente.

¿Y cómo puede ayudarnos este concepto a reducir el sobrepeso? Como cualquier otro modelo, puede servir para entender mejor el funcionamiento (correcto o incorrecto) de algo e identificar con más facilidad los posibles mecanismos para su control. Es decir, desde el punto de vista de la dieta y de la terapia, un objetivo a perseguir podría ser la normalización del funcionamiento del set-point y lograr que sea capaz de regular con eficacia la ingesta de alimentos.

Considerando la saciedad, la termogénesis y las hormonas, parece bastante probable que para conseguirlo se deberían evitar los alimentos altamente  procesados  y  de  alta  densidad  energética,  carbohidratos refinados, azúcar y dulces, y por el contrario no deberían faltar las cantidades necesarias de fibra, vegetales, proteínas y grasas saludables. También conviene eludir el sedentarismo, así que el ejercicio regular ayudará a conseguir esta normalización. Si lo conseguimos, no deberemos preocuparnos por las calorías ni las cantidades, porque nuestro set-point lo controlará por nosotros. Como debería haberlo hecho siempre.