El té, un producto hecho a partir de las hojas y brotes de la planta Camellia sinensis, es la segunda bebida más consumida en el mundo, adelante del café, la cerveza, el vino y las bebidas carbonatadas. Originario de China, el té ha ganado su lugar en el gusto mundial por más de 2 mil años. El interés económico y social del té es claro y su consumo es parte de la rutina de muchas personas, como una bebida diaria y como una ayuda terapéutica en muchas dolencias.

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Dependiendo del proceso de fabricación, los tés son clasificados en 3 tipos principales: el té verde “no fermentado” (producido por secado y vaporizado –tratamiento térmico con vapor- de hojas frescas para inactivar la polifenol-oxidasa y evitar la oxidación), el té oolong “semifermentado” (producido cuando las hojas frescas son sujetas a una etapa de fermentación parcial antes de secarse) y los tés negro y rojo (conocido como Pu-Erh) “fermentados”, los cuales experimentan una fermentación post-cosecha antes del secado y vaporizado, aunque la fermentación del té negro es debida a una oxidación catalizada por polifenol-oxidasa y la del té rojo es lograda utilizando microorganismos.

Se calcula que el consumo promedio mundial per cápita de té es de 120 ml/día. Aproximadamente 76%-78% del té producido y consumido es té negro, 20%-22% es té verde y menos del 2% es té oolong. El té negro es consumido principalmente en Europa, América del Norte y el Norte de África (excepto Marruecos), mientras que el té verde es ampliamente consumido en China, Japón, Corea y Marruecos. El té oolong es popular en China y Taiwán. En Estados Unidos, el 80% del té consumido es té negro helado.

Aunque se han atribuidos beneficios a la salud para el consumo del té verde desde los inicios de su historia, las investigaciones científicas en esta bebida y sus constituyentes tienen poco más de 3 décadas. Estudios in vitro y en animales, así como pruebas clínicas empleando indicadores de enfermedad intermediarios putativos, particularmente biomarcadores de estados de estrés oxidante, proporcionan fuerte evidencia de que los polifenoles del té verde (GTP, por sus siglas en inglés) pueden jugar un papel en el riesgo y patogénesis de varias enfermedades crónicas, especialmente la enfermedad cardiovascular y el cáncer, y en patologías relacionadas. Adicionalmente, varios estudios sugieren un impacto benéfico del consumo de té verde en la densidad ósea, función cognitiva, caries dental y cálculos renales, entre otros efectos.

En los últimos años, numerosos estudios epidemiológicos y clínicos han revelado varias respuestas fisiológicas al té verde, las cuales pueden ser relevantes a la promoción de la salud y la prevención o tratamiento de algunas enfermedades crónicas. Sin embargo, los resultados de dichos estudios son mixtos; por ejemplo, pueden surgir resultados conflictivos entre estudios en humanos, en parte por ignorar factores socioeconómicos y de estilo de vida, así como por una metodología inadecuada para definir la preparación e ingestión del té.

Procesamiento del té verde

El té verde es producido principalmente a partir de Camellia sinensis var. sinensis. El tipo Assan (Camellia sinensis var. assamica) tiene un contenido muy alto de polifenoles, lo que haría al té verde excesivamente amargo. La producción de té verde está caracterizada por un proceso térmico inicial, el cual elimina a la enzima polifenol-oxidasa, responsable de la conversión de los flavanoles en la hoja en los compuestos polifenólicos oscuros que dan su color al té negro. El otro proceso importante es el arrollamiento (pasa las hojas entre rodillos), en el cual las hojas son cortadas y torcidas. La forma final del té verde depende de la variante particular en producción.

Composición del té verde

La composición química del té verde es compleja: proteínas (15%-20% peso seco) cuyas enzimas constituyen una importante fracción; aminoácidos (1%-4% peso seco) tales como tenina o 5-N-etilglutamina, ácido glutámico, triptófano, glicina, serina, ácido aspártico, tirosina, valina, leucina, treonina, arginina, lisina; carbohidratos (5%-7% peso seco) tales como celulosa, pectinas, glucosa, fructosa, sacarosa; lípidos como el ácido linoleico y el ácido α-linolénico; esteroles como estigmasterol; vitaminas (grupo B, C y E); bases xánticas como cafeína y teofilina; pigmentos como clorofila y carotenoides; compuestos volátiles como aldehídos, alcoholes, ésteres, lactonas, hidrocarburos, etc.; minerales y elementos traza (5% peso seco) tales como calcio, magnesio, cromo, manganeso, hierro, cobre, cinc, molibdeno, selenio, sodio, cobalto, estroncio, níquel, potasio, flúor y aluminio.

Debido a la gran importancia de la presencia mineral en el té, muchos estudios se han realizado para determinar sus niveles en las hojas de té verde y sus infusiones. Por ejemplo, se ha observado grandes variaciones en el contenido mineral (aluminio, calcio, magnesio y manganeso) en el té verde de diferentes orígenes. Mientras que en un estudio no se han encontrado diferencias claras entre el contenido mineral de 46 muestras del té verde y el té negro en aluminio, bario, calcio, cobre, hierro, potasio, magnesio, manganeso, sodio, estroncio, titanio y cinc, en otro se han encontrado grandes variaciones entre diferentes variaciones de té en la cantidad de fluoruros y aluminio (mayor en el negro que en el verde). Se ha reportado que el contenido de selenio en los tés verdes es incrementado por la aplicación foliar de fertilizantes enriquecidos con selenio; adicionalmente, el té verde enriquecido con selenio exhibe actividad antioxidante significativamente más alta que el té verde regular.

Los polifenoles constituyen el grupo más interesante de componentes en las hojas del té verde, y en consecuencia, el té verde puede ser considerado una importante fuente dietaria de polifenoles, particularmente flavonoides. Los flavonoides son derivados del fenol sintetizados en cantidades substanciales (0.5%-1.5%) y amplia variedad (más de 4,000 identificados), ampliamente distribuidos entre las plantas. Los principales flavonoides presentes en el té verde incluyen las catequinas (flavan-3-oles). Las 4 principales catequinas son epigalocatequina-3-galato (EGCG), que representa aproximadamente 59% del total de catequinas; epigalocatequina (EGC), con el 19% aproximadamente; epicatequina-3-galato (ECG) con el 13.6% aproximadamente; y epicatequina (EC) con el 6.4% aproximadamente. El té verde también contiene ácido gálico (GA) y otros ácidos fenólicos como ácido clorogénico y ácido cafeico, y flavonoles tales como caempferol, miricetina y quercetina.

Ilustración de Camellia sinensis (Molécula de catequina epigalocatequina-3-galato)

El té negro y el té verde contienen cantidad similar de flavonoides, aunque difieren en su estructura química. El té verde contiene más catequinas (flavonoides simples), mientras que la oxidación de las hojas para la fabricación del té negro convierte estos flavonoides simples en teflavinas y terubiginas.

El contenido relativo de catequina en el té verde depende de cómo sean procesadas las hojas antes de la deshidratación. Un cierto grado de fermentación y calentamiento de las hojas de té durante el proceso de manufactura puede resultar en la polimerización de compuestos monopolifenólicos tales como las catequinas, llevando a cambios conformacionales y modificación de sus propiedades. Otros factores que influyen en el contenido de catequinas son la ubicación geográfica y las condiciones de cultivo (suelo, clima, prácticas agrícolas, fertilizantes), el tipo de té verde (mezclado, descafeinado, instantáneo, etc.) y la preparación de la infusión (cantidad usada de producto, tiempo de infusión, temperatura, etc.) El descafeinado reduce ligeramente el contenido de catequina en el té; las preparaciones instantáneas y los tés helado y listos para beber presentan menor contenido de catequinas. La producción de bebida de té verde embotellada se enfrenta al problema de encafecimiento causado principalmente por la oxidación de las catequinas.

Una taza de té verde (2.5 g de hojas de té verde en 200 ml de agua) puede contener 90 mg de EGCG. El análisis de 31 tés comerciales indica que los niveles de EGCG y de catequinas totales están en el siguiente orden: té verde (hojas viejas) > té verde (hojas jóvenes) y té oolong > té negro y té rojo. Los niveles de GA son siempre más altos en el té negro debido a que la cantidad de GA se incrementa durante el proceso de fermentación debido a su liberación de galatos de catequina. La cantidad de catequinas es siempre más alta en el té verde, con EGCG y EGC siendo las principales catequinas presentes con contenidos promedio de 7.358% y 3.955%, respectivamente, mientras que ECG promedia contenidos entre 0.910% y 3.556%. Para el té negro, EGCG y ECG son las catequinas presentes en mayor cantidad, con contenidos promedio de 1.585% y 0.706%, respectivamente. Es importante reconocer que la gran variación del contenido de catequinas no es tomado en consideración en la mayoría de los estudios epidemiológicos.

Biodisponibilidad de las catequinas del té verde

Los potenciales efectos de las catequinas en la salud dependen no solamente de la cantidad consumida, sino en sus biodisponibilidad, que parece ser muy variable. A fin de conocer la biodisponibilidad y metabolismo de las catequinas, es necesario evaluar su actividad biológica dentro de los tejidos objetivo (también llamados tejidos diana). Luego de la administración oral de catequinas de té a ratas, las 4 principales catequinas (EC, ECG, EGC y EGCG) han sido identificadas en la vena porta, indicando que las catequinas del té son absorbidas intestinalmente. En ratas recibiendo 0.6% de té verde en polvo (GTP, por sus siglas en inglés) en su agua de beber por un periodo de 28 días, las concentraciones plasmáticas de EGCG fueron mucho menores que aquellas de EGC o EC, aun cuando la relación de EGCG a EGV era de 5:1 en la solución de GTP. Cuando la misma preparación fue dada a ratones, los niveles plasmáticos de EGCG fueron mucho mayores que aquellos de EGC y EC. Por lo tanto, parece haber diferencias entre especies en la biodisponibilidad de EGCG, comparada con las otras catequinas.

En humanos, EGCG parece ser menos biodisponible que otras catequinas del té verde. Los niveles de catequinas en el plasma humano alcanzan su pico 2-4 horas después de la ingestión. Un estudio en humanos comparó la farmacocinética de dosis equimolares d EGC, ECG y EGCG puras en 10 voluntarios saludables; las concentraciones plasmáticas pico promedio después de una sola dosis de 1.5 mmol fueron 5.0 µmol/l para EGC, 3.1 µmol/l para ECG y 1.3 µmol/l para EGCG. Luego de 24 horas, los niveles plasmáticos de EGC y EGCG regresaron a la línea base, pero el nivel plasmático de ECG continuó elevado. En humanos, se ha encontrado que ECG está más altamente metilado que EGC y EGCG, y EGCG está menos conjugado que EGC y EC. Desafortunadamente, hay pocos datos publicados sobre la distribución tisular de catequinas en humanos luego de la ingestión de té verde; sin embargo, hay algunos datos interesantes de estudios en animales y cuando las ratas recibieron 0.6% de GTP en sus agua de beber por un periodo de 28 días, cantidades substanciales de EGC y EC se encontraron en el esófago, intestino grueso, riñón, vejiga, pulmón y próstata; las concentraciones de EGC y EC fueron relativamente bajas en hígado, bazo, corazón y tiroides; los niveles de EGCG fueron más altos en el esófago y el intestino grueso, pero menores en otros órganos, posiblemente debido a una absorción sistémica pobre de EGCG.

Las catequinas son rápida y extensamente metabolizadas. Los estudios en ratas indican que EGCG es principalmente excretado a través de la bilis, mientras que EGC y EC son excretados a través de la orina y la bilis. La determinación de la biodisponibilidad actual de metabolitos en tejidos puede ser mucho más importante que conocer su concentración en plasma, pero los datos son todavía muy escasos, aun en animales. Consecuentemente, el metabolismo y biodisponibilidad de catequinas individuales del té y la farmacocinética de sus metabolitos requieren clarificación adicional, empleando posiblemente técnicas propias de la metabolómica y la proteómica.

Se ha reportado que GTP tiene actividades biológicas, incluyendo modulación de rutas clave de transducción de señal. Sin embargo, la posible significancia de estas actividades en la inhibición de carcinogénesis in vivo depende de la biodisponibilidad del polifenol. Los autores observaron que luego de la administración de té verde a ratas, cerca del 14% de EGC, el 31% de EC y menos del 1% de EGCG aparecieron en la sangre; en ratones, la biodisponibilidad de EGCG fue más alta, pero las actividades biológicas de los metabolitos de catequinas deben ser investigados a fondo. Las variaciones interindividuales en la biodisponibilidad de GTP pueden ser substanciales y debidas, al menor en parte, a diferencias en la microflora colónica y a polimorfismos genéticos dentro de las enzimas involucradas en el metabolismo de los polifenoles. El efecto del beber té verde puede también diferir de acuerdo al genotipo. En resumen, parece haber diferencias entre especies en la biodisponibilidad de EGCG comparada con otras catequinas del té. Resultados de investigaciones adicionales son consistentes en demostrar que la adición de leche al té no interfiere con la absorción de catequinas, pero la leche puede afectar el potencial antioxidante del té, dependiente del contenido de grasa en la leche, el volumen agregado de leche y el método utilizado para valorar este parámetro. Por último, se ha observado que la reacción de epimerización que ocurre en la fabricación de bebidas de té enlatadas y embotelladas no afecta significativamente la actividad antioxidante y la biodisponibilidad de los polifenoles totales del té.

Té verde y la salud humana

El té verde ha sido considerado un medicamento así como una bebida saludable desde tiempos antiguos. La medicina tradicional china ha recomendado esta planta para dolores de cabeza, dolencias corporales, digestión, depresión, desintoxicación, como energizante y, en general, para prolongar la vida. Las hojas de té verde contienen 3 componentes principales que actúan sobre la salud humana: bases xánticas (cafeína y teofilina), aceites esenciales y, especialmente, compuestos polifenólicos.

La cafeína actúa principalmente sobre el sistema nervioso central, estimulando el estado alerta, facilitando la asociación de ideas y disminuyendo la sensación de fatiga. Algunos de los efectos causados por la cafeína son influenciados por el contenido de teofilina en el té. La teofilina induce la actividad psicoactiva y también tiene un ligero efecto  inotrópico y vasodilatador y un mucho mayor efecto diurético que la cafeína. Sin embargo, sus efectos más interesantes pueden ser vistos a nivel broncopulmonar y respiratorio. La teofilina causa una relajación no específica en el tejido liso bronquial, así como estimulación respiratoria.

Los aceites esenciales son en un mayor grado volátiles y se evaporan de la bebida después de algún tiempo, por lo que no es muy conveniente sobre-extender el tiempo de infusión. Entre sus propiedades debe resaltarse la de facilitar la digestión. El té verde es el tipo de té con el mayor porcentaje de aceites esenciales.

Sin embargo, el té verde ha recibido la mayor atención debido a su contenido de polifenoles, los cuales son fuertes antioxidantes que presentan otras importantes propiedades biológicas. Numerosos estudios han demostrado que el extracto acuoso de GTP posee propiedades antimutagénicas, antidiabéticas, antibacteriales, antiinflamatorias e hipocolesterolémicas. También se han descrito efectos benéficos en enfermedades orales tales como protección contra la caries dental, enfermedad periodontal y pérdida de piezas (lo cual puede afectar significativamente la salud general de una persona). Entre todos los GTP, las catequinas y el ácido gálico han sido especialmente considerados como jugadores principales en los efectos benéficos en la salud humana.

Actividad antioxidante

El té verde es considerado una fuente dietaria de nutrimentos antioxidantes, al ser rico en polifenoles (catequinas y ácido gálico, particularmente), pero también contiene carotenoides, tocoferoles, ácido ascórbico, minerales (como cromo, manganeso, selenio o cinc) y ciertos compuestos fitoquímicos. Estos compuestos podrían incrementar el potencial antioxidante de GTP.

GTP presenta actividad antioxidante in vitro por captura de especies reactivas de oxígeno y nitrógeno, así como por quelación de iones de metales de transición redox-activos. GTP puede quelar iones metálicos como hierro y cobre y evitar su participación en reacciones de Fenton y de Haber-Weiss (que generan radicales hidroxilo a partir de peróxido de hidrógeno y superóxido, en una reacción muy lenta catalizada por hierro). También pueden funcionar indirectamente como antioxidantes a través de inhibición de los factores de transcripción redox-sensibles, inhibición de enzimas pro-oxidantes (como óxido nítrico-sintetasa inducible, lipooxigenasas, ciclooxigenasas y xantina-oxidasa) e inducción de enzimas antioxidantes (como glutatión-S-transferasas y superóxido-dismutasas).

La capacidad antioxidante de GTP ha sido valorada por varios métodos. Por ejemplo, utilizando el ensayo de capacidad de absorbancia de radical oxigeno (ORAC, por sus siglas en inglés) se encontró que el té verde tiene una actividad antioxidante mucho mayor contra radicales peroxilo que verduras como el ajo, el kale (col verde), la espinaca y las coles de Bruselas. Utilizando el ensayo de la habilidad reductora férrica de plasma (FRAP, por sus siglas en inglés) se encontró que la capacidad antioxidante total del té verde es más potente que la del té negro. Otros estudios han indicado que EGCG es un poderoso antioxidante que es capaz de proteger las ATPasas unidas a membrana de los eritrocitos contra el estrés oxidante. EGCG puede actuar in vitro como un antioxidante atrapando radicales peroxilo e inhibiendo la peroxidación de lípidos. Sin embargo, la capacidad antioxidante de las catequinas, determinada in vitro, es dependiente del tipo de ensayo empleado y no refleja factores como biodisponibilidad y metabolismo. El hecho de que las catequinas son rápida y ampliamente metabolizadas enfatiza la importancia de demostrar su actividad antioxidante in vivo para representar mejor el impacto fisiológico del consumo de té verde, empleando posiblemente biomarcadores sensibles y específicos de daño oxidante en lípidos, proteínas y DNA.

Sin embargo, un número substancial de estudios de intervención en humanos con té verde demuestran un incremento significativo en la capacidad antioxidante plasmática en humanos luego de la ingestión de cantidades moderadas (1-6 tazas/día); hay también indicaciones que muestran que el potencial antioxidante sanguíneo mejorado lleva a menor daño oxidante en macromoléculas como DNA y lípidos. No obstante, los autores indican que la medición de daño oxidante a través de biomarcadores debe ser establecido por completo. Estudios alternos han reportado que el consumo repetido de té verde u extractos encapsulados de té verde por 1-4 semanas disminuye los biomarcadores de estado oxidante. Adicionalmente, estudios con fumadores y no fumadores reportan que el daño oxidante del DNA, la peroxidación de lípidos y la generación de radicales libres se reducen con el consumo de unas 6 tazas/día de té verde por 7 días. Por lo tanto, GTP puede contribuir a las defensas contra los daños oxidantes (también llamados daños oxidativos). Se ha sugerido la habilidad del té verde, consumido dentro de una dieta controlada y balanceada, para mejorar el estado antioxidante general y para proteger contra el daño oxidante en humanos.

Potencial antimutagénico y anticarcinogénico

Las enfermedades relacionadas al estilo de vida, incluyendo el cáncer, también son caracterizadas como enfermedades relacionadas a la edad, en donde el envejecimiento puede ser el factor causante más potente. Por lo tanto, la prevención de las enfermedades relacionadas al estilo de vida dependerá en hacer más lento el proceso de envejecimiento y evitar la aparición clínica de la enfermedad. Los componentes dietarios capaces de retardar el envejecimiento celular e inhibir el crecimiento de las células cancerosas sin afectar el crecimiento de las células normales han recibido atención considerable para el desarrollo de nuevos acercamientos preventivos del cáncer.

El papel del té verde en la protección contra el cáncer ha sido apoyado por amplia evidencia de estudios en cultivo celular y en modelos animales. Los estudios animales han mostrado que el té verde inhibe la carcinogénesis de la piel, pulmones, cavidad oral, esófago, estómago, hígado, riñón, próstata y otros órganos. En algunos estudios, la inhibición se correlacionó con un incremento en la apoptosis de la célula tumoral y una disminución en la proliferación celular.

Actualmente, el té verde es aceptado como un preventivo para el cáncer, en la base de numerosos estudios in vitro, in vivo y epidemiológicos. La rama de quimioprevención del Instituto Nacional del Cáncer en los Estados Unidos ha iniciado un plan para desarrollar componentes del té como agentes quimiopreventivos del cáncer en pruebas humanas. Los efectos quimiopreventivos del té verde dependen de: 1) su acción antioxidante, 2) la inducción específica de enzimas desintoxicantes, 3) sus funciones moleculares reguladoras del crecimiento, desarrollo y apoptosis celulares, y 4) una mejora selectiva en la función de las bacterias intestinales.

Un importante aspecto del riesgo de cáncer está relacionado a la respuesta inflamatoria, y actualmente varios agentes antiinflamatorios se emplean en estrategias quimiopreventivas. La respuesta inflamatoria involucra la producción de citosinas y oxidantes pro-inflamatorios  como el ácido hipocloroso y el peroxinitrito, producidos por neutrófilos y macrófagos, respectivamente. Estos oxidantes reaccionan con residuos fenólicos de tirosina en las proteínas para formar clorotirosina y nitrotirosina. Las catequinas del té verde y las isoflavonas de la soya también han mostrado acción quimiopreventiva; la naturaleza aromática de los polifenoles los hace objetivos potenciales del ácido hipocloroso y el peroxinitrito, y estas reacciones pueden crear nuevos farmacóforos en el lugar de la inflamación. Adicionalmente, un importante mecanismo de la actividad anticarcinogénica del té verde en animales es el deterioro de la interacción de los carcinógenos con el DNA que lleva a mutaciones. Sin embargo, la actividad antimutagénica del té verde así como los mecanismos subyacentes deben ser revisados, y el papel de GTP, los componentes bioactivos postulados, y la cafeína, deben ser evaluados críticamente. El EGCG del té verde imparte especialmente un efecto inhibidor del crecimiento sobre las células cancerosas. EGCG posee prometedor potencial anticáncer debido a sus propiedades antioxidantes, antimutagénicas y quimiopreventivas.

Las catequinas del té verde reducen la proliferación de células cancerosas de seno in vitro y disminuyen el crecimiento del cáncer de seno en roedores. Adicionalmente, estudios in vitro han demostrado que la combinación de EGCG y tamoxifeno  es sinergísticamente citotóxica a las células cancerosas de seno; estos resultados sugieren que las catequinas tienen potencial significativo en el tratamiento del cáncer de seno. Se ha reportado que el tratamiento con EGCG disminuye la viabilidad celular en diferentes etapas estudiadas (aproximadamente el 80% de inhibición) en células MCF-7 de carcinoma de seno humano, pero no tiene un efecto adverso en el crecimiento de células mamarias normales. Este tratamiento inhibe la actividad de telomerasa (40-55%); la telomerasa está elevada en más del 90% de los carcinomas de seno y por lo tanto ha recibido mucha atención como objetivo (diana) para terapia del cáncer de seno e investigación diagnóstica del cáncer.

De acuerdo a otro estudio, las bebedoras de té verde muestran un riesgo significativamente menor de cáncer de seno, comparadas con mujeres que no beben té verde regularmente (menos de una vez al mes). Adicionalmente, hay una tendencia significativa a disminuir el riesgo con un incremento en el consumo de té verde. Dos estudios en mujeres japonesas diagnosticadas con cáncer de seno, indicaron que el consumo de té verde está inversamente asociado con la tasa de recurrencia, especialmente en las etapas tempranas del cáncer de seno. Otro reporte indica que el cáncer de seno es significativamente menos prevalente entre mujeres asiáticas, cuyas dietas contienen consumo elevado de productos de soya y té verde, por lo que los autores sugieren que el concentrado dietario de fitoquímicos de soya más el té verde puede ser utilizados como un régimen dietario potencialmente efectivo para inhibir la progresión del cáncer de seno dependiente de estrógeno.

Se ha reportado que el riesgo de cáncer ovárico disminuye con una mayor frecuencia y duración del consumo de té verde. El té verde también es un efectivo agente quimiopreventivo del cáncer de próstata humano. En la misma línea de investigación, se ha reportado que EGCG inhibe el crecimiento de las células de adenoma de próstata e induce la apoptosis. Adicionalmente, se reporta que GTP pueden ser aplicados para mejorar la efectividad de terapia de quimio/radiación para promover la muerte de la célula cancerosa, mientras se protege a las células normales.

Por un lado, estudios epidemiológicos han sugerido que el elevado consumo de té verde protege contra el desarrollo de gastritis activa crónica y disminuye el cáncer de estómago; adicionalmente, la ingestión de té verde antes del ayuno protege a la mucosa intestinal contra la atrofia. Por otro lado, una revisión sistemática concluyó que no parece existir una asociación inversa entre el consumo de té verde y el riesgo de cáncer gástrico o intestinal, aunque el té verde mostró un efecto protector en pólipos adenomatosos y gastritis crónica. De manera similar, otros estudios no han encontrado asociación entre el consumo del té verde y el riesgo de cáncer de estómago, indicando que el consumo de té verde no tuvo un efecto protector contra el cáncer de estómago y sugiriendo la implicación de otros factores como la edad, el fumar, el estado socioeconómico, infección por Helicobacter pilori, historia de úlcera péptica e historia familiar de cáncer de estómago, junto con ciertos componentes dietarios. Un estudio adicional reportó una asociación inversa entre el consumo del té verde y el cáncer gástrico distal entre mujeres; sin embargo, los autores indican la necesidad de estudios adicionales detallados para confirmar el papel del té verde en la ocurrencia del cáncer gástrico.

Un estudio examinó la asociación entre el consumo de té negro y el cáncer de colon en un estudio poblacional en Carolina del Norte, concluyendo que, contrario a lo que se esperaba, el beber té negro no disminuía el riesgo de cáncer de colon. Sin embargo, es importante remarcar que son importantes factores de riesgo para el cáncer de colon la historia familiar de cáncer colorrectal, exposición a medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, ciertas prácticas de cocción de la carne, el fumar, baja actividad física y un elevado índice de masa corporal, el consumo elevado de carnes rojas y bebidas alcohólicas. Los datos sobre los efectos del té verde en la prevención de este tipo de cáncer son escasos, pero pronto habrá suficiente información para formar algunas conclusiones.

Varios autores han notado que algunos estudios epidemiológicos han generado resultados inconsistentes. Algunos de estos estudios relacionaron el consumo de té con un riesgo reducido de cáncer. En una forma similar, otros autores encontraron que el té carece de actividad protectora contra ciertos cánceres humanos; estos resultados elevan preguntas sobre el papel actual de los componentes del té verde en el cáncer humano, que necesitan ser contestadas. Por ejemplo, una revisión de 30 estudios dirigidos a examinar el consumo de té como un factor en la incidencia de cánceres de colon y rectal, en poblaciones de 12 países, proporcionando datos en el consumo de té negro y té verde, muestra que no hay evidencia consistente para apoyar la teoría procedente de estudios animales e investigación básica de que el té es un poderoso agente quimiopreventivo. Una asociación negativa es más fuerte en estudios epidemiológicos observacionales de cáncer rectal que en el cáncer de colon. No hay un ajuste consistente por importantes confundidores potenciales de alguna relación del té, tales como consumo de café y alcohol, y niveles de actividad física. Finalmente, estos autores indican que la valoración del té en la mayoría de estos estudios estuvo basada en una pregunta única y por lo tanto puede haber un error de medición significativo comparado con estudios más recientes, específicamente dirigidos a valorar el consumo del té verde.

Efecto anti-hipertensor y riesgo de enfermedad cardiovascular

Se ha creído por largo tiempo que el té verde posee efectos hipotensores en la medicina popular china. Sin embargo, han aparecido resultados conflictivos entre pruebas y estudios animales en la relación entre el consumo de té verde y la presión arterial. La evidencia epidemiológica sobre el efecto a largo plazo del té verde en el riesgo de hipertensión también es inconsistente.

Se ha observado que tanto los polifenoles del té negro como los del té verde atenúan los incrementos en presión sanguínea, a través de sus propiedades antioxidantes, en ratas hipertensas espontáneas con tendencia a infartos, pero las cantidades de polifenoles utilizados en este experimento corresponden aproximadamente a aquellos en 1 litro de té. Recientemente, algunos estudios epidemiológicos indicaron que el consumo de té verde reduce ligeramente la presión arterial. Los investigadores concluyeron que el consumo habitual de té verde o té oolong de concentración moderada, 120 ml/día o más por 1 año, reduce significativamente el riesgo de desarrollar hipertensión en la población china. Otro estudio reportó que la ingestión regular de té verde a largo plazo puede tener un efecto favorable en la presión arterial de mujeres mayores.

Sin embargo, otros estudios no apoyan un efecto hipotensor del té verde.

Dos estudios independientes reportaron que la ingestión dietaria de té verde preserva y mejora la función endotelial y la conformación arterial. El consumo del té verde también ha sido inversamente asociado con el desarrollo y progresión de ateroesclerosis, lo cual es consistente con las observaciones previas. En un estudio prospectivo en Rotterdam con más de 3,400 adultos, 55 años de edad o mayores, y con una seguimiento entre 2 y 3 años, se examinó la ateroesclerosis aortica vía medición con rayos-X de los depósitos calcificados en la aorta abdominal; la oportunidad relativa (odds ratio u OR, por sus siglas en inglés)  para beber 125-250 ml (1-2 tazas) de té negro diariamente fue 0.54 (95% CI=0.32-0.92) y disminuyó a 0.31 (95% CI=0.16-0,59) cuando >500 ml/día (más de 4 tazas) fueron consumidas.

Datos en el té verde reportados en otro estudio seccional cruzado de 512 pacientes coronarios (302 hombres y 210 mujeres) estableció que el té verde puede ser protector contra la ateroesclerosis coronaria en hombres, pero no en mujeres. En un estudio prospectivo con cohorte de más de 8,500 hombres y mujeres concluyó que consumir 10 o más tazas al día está ligado con un riesgo relativo (RR) disminuido de muerte por enfermedad cardiovascular en hombres y en mujeres.

Los estudios epidemiológicos sugieren que el consumo de té verde está asociado con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular, pero los mecanismos para estas observaciones han permanecido inciertos. Varios estudios han demostrado que el té verde puede afectar la función cardiovascular a través de mecanismos de acción relacionadas a la oxidación de lipoproteínas de baja densidad-colesterol (LDL, por sus siglas en inglés). La oxidación de LDL, asociada con un riesgo de ateroesclerosis y enfermedad cardiaca, es inhibida por el té verde debido a la actividad antioxidante de EC y EGCG. La actividad antioxidante in vitro de EGCG en la oxidación de LDL es más fuerte que la de EC. De acuerdo con estas observaciones, otro estudio indicó que GTP puede disminuir la aterogénesis al reducir la modificación oxidativa de LDL y eventos asociados tales como la formación de célula espumosa, citotoxicidad endotelial e inducción de citosinas pro-inflamatorias. Otros investigadores han sugerido que las catequinas suprimen las susceptibilidades de las LDL humanas a la oxidación por sulfato de cobre in vitro y la oxidación plasmática in vivo después de la ingestión de té verde molido. Estudios recientes de biodisponibilidad indican que GTP puede acumularse en el cuerpo en concentraciones comparables a aquellas empleadas in vitro por varios investigadores. Otros datos reportan que las catequinas han mostrado reducir los niveles plasmáticos de colesterol y la tasa de absorción de colesterol.

La investigación de dosis-respuesta y el mecanismo de acción de EGCG en estos parámetros en ratas que fueron alimentadas con una dieta elevada en colesterol y grasa, indicaron que luego de 4 semanas de tratamiento, los niveles plasmáticos de colesterol total y LDL-colesterol fueron significativamente reducidos en el grupo alimentado con EGCG al 1% de la dieta, comparados con el grupo sin tratamiento. Los triglicéridos y las lipoproteínas de alta densidad (HDL, por sus siglas en inglés) no cambiaron significativamente. Estos autores sugirieron que uno de los mecanismos subyacentes por el cual EGCG afecta el metabolismo lípido es al interferir con la solubilización micelar de colesterol en el tracto digestivo, lo cual a su vez disminuye la absorción de colesterol.

La administración de GTP inhibe efectivamente la oxidación de LDL y eleva la actividad antioxidante en suero. Adicionalmente, GTP incrementa los niveles de HDL, llevando a una mejora dependiente de la dosis en el índice aterogénico. Así, GTP puede ejercer una acción antiateroesclerótica en virtud de sus propiedades antioxidantes y mediante el incremento de los niveles de HDL. Consistente con estos resultados son los datos reportados que demuestran una correlación inversa entre la ingestión de catequinas y la mortalidad por enfermedad cardiaca coronaria luego de un seguimiento de 25 años en más de 12,000 hombres de 7 países. Similarmente, otro estudio mostró que hombres y mujeres que consumieron una o más tazas por día de té verde durante el año previo tenían un 44% menor riesgo de infarto al miocardio que aquellos que no bebían té.

Un meta-análisis ha sugerido una disminución en la tasa de manifestación de enfermedad cardiovascular con un mayor consumo de té verde. A través de 7 estudios, la tasa de incidencia de infarto al miocardio disminuyó en un 11% con un incremento en el consumo de té verde de 3 tazas al día. Adicionalmente, una asociación inversa del consumo de té verde e infarto al miocardio y su variación genética han sido encontradas en otros 2 estudios.

La actividad de óxido nítrico derivada del endotelio deteriorado contribuye a la patogénesis de la ateroesclerosis, y en la circulación coronaria ha sido ligada con eventos cardiovasculares futuros. Adicionalmente esta disfunción endotelial está asociada con un incremento en el estrés oxidativo (también conocido como estrés oxidante) y puede ser revertida por intervenciones antioxidantes.  Se ha observado que el consumo de té mejora la dilatación mediada por el flujo, en asociación con un incremento plasmático de catequina. No se ha observado efecto con una dosis equivalente de cafeína (200 mg) o en la dilatación mediada por nitroglicerina independiente del endotelio. Como la dilatación mediada por flujo está afectada en los pacientes con enfermedad coronaria, comparada con sujetos sanos, estos resultados sugieren que el té verde revierte la disfunción vasomotora endotelial.

Se ha sugerido que la discrepancia entre el efecto del té verde in vivo y ex vivo, en la susceptibilidad de LDL a la oxidación puede ser debido a la inhabilidad para alcanzar concentraciones in vivo tan altas como aquellas obtenidas por otros métodos. Las posibles variaciones entre los diferentes estudios pueden también ser debidas a su ignorancia de factores socioeconómicos y de estilo de vida asociados con el consumo de té verde (diferencias geográficas, clase social, índice de masa corporal, estilo de vida saludable, mayor prevalencia de fumadores, mayor consumo de grasa, consumo de alcohol, consumo de café, etc.)

Salud oral

Las enfermedades orales incluyen la caries dental, enfermedad periodontal y pérdida de dientes, y pueden impactar significativamente la salud general de una persona. Entre estas, la caries dental es una enfermedad infecciosa multifactorial en la cual la nutrición, la infección microbiana y la respuesta del anfitrión juegan importantes papeles. Reportes tempranos en animales de experimentación y en humanos sugirieron que el consumo de té verde (sin azúcar adicionada) reduce la caries dental. Un estudio indicó que el consumo frecuente de té verde puede reducir significativamente la formación de caries, aun en la presencia de azúcares en la dieta.

Estudios animales in vivo han mostrado que las ratas libres de patógenos específicos, infectadas con Streptococcus mutans y luego alimentadas con una dieta cariogénica conteniendo GTP tuvieron significativamente menos registros de caries. La suplementación del agua para beber de ratas con 0.1% GTP junto con una dieta cariogénica también reduce significativamente el total de lesiones de fisura por caries. Otros hallazgos han sugerido que las catequinas del té verde pueden tener el potencial para reducir los daños periodontales resultantes de la potente actividad de proteinasa de Porphyromonas gingivalis. Adicionalmente, las decocciones de té verde inhiben la α-amilasa en la saliva humana, reduciendo la liberación de maltosa en un 70% y disminuyendo efectivamente el potencial cariogénico de los alimentos conteniendo almidón. Similarmente, se ha reportado que los extractos de té verde inhiben la amilasa salival humana y pueden reducir el potencial cariogénico de los alimentos conteniendo almidón como galletas y pasteles debido a que puede reducir la tendencia de este tipo de alimento para servir como fuentes de carbohidratos fermentables de lenta liberación. Es posible que el reto cariogénico en la dieta cariogénica pueda ser reducido por la presencia simultánea de té verde en la dieta.

Además de su contenido de polifenoles, tanto el té verde como el té negro son una fuente natural de fluoruros y un vehículo efectivo para la entrega de fluoruro a la cavidad oral. Después de limpiar la boca con té, aproximadamente 34% del fluoruro es retenido y muestra una fuerte habilidad ligadora para interactuar con los tejidos orales y sus integumentos superficiales. Este contenido de fluoruros puede tener un impacto benéfico en las caries y puede contribuir a un amplio rango de actividades biológicas, incluyendo la prevención de la pérdida de dientes y el cáncer oral. Sin embargo, los datos han sugerido que el extracto de GTP puede ser responsable de efectos notables en la salud oral y también se ha demostrado que GTP más que el fluoruro contribuye al potencial anticariogénico por inhibición del crecimiento de bacterias orales tales como Escherichia coli, Streptococcus salivarius y Streptococcus mutans. Varios estudios han indicado que GTP inhibe el crecimiento, la producción de ácido, el metabolismo y la actividad de la enzima glucosiltransferasa de S. mutans y las bacterias de la placa dental. En consecuencia, el té verde ha sido considerado como un alimento funcional para la salud bucal y es ampliamente utilizado en la formulación de pastas dentales.

Protección contra radiación ultravioleta solar

Estudios epidemiológicos, clínicos y biológicos han mostrado que la luz ultravioleta (UV) solar es un carcinógeno completo y la exposición repetida puede derivar en el desarrollo de varios desórdenes de la piel, incluyendo cáncer de piel del tipo melanoma y del no melanoma. Se considera que EGCG es un agente protector tópico contra algunos tipos de radiación, dado que previene la enfermedad dérmica, foto-envejecimiento y problemas potenciales de cáncer debido a la exposición prolongada. Parece ser que el resto de las catequinas también favorece esta acción.

Se ha indicado que el tratamiento tópico o el consumo oral de GTP inhiben la carcinogénesis de piel inducida por carcinógeno químico o por radiación UV en diferentes modelos animales de laboratorio. El tratamiento tópico de GTP o EGCG y el consumo oral de GTP resultan en la prevención de respuestas inflamatorias inducidas por radiación ultravioleta tipo B (UVB), la inmunosupresión y el estrés oxidativo, los cuales son los biomarcadores de varias condiciones de enfermedad en la piel. La aplicación tópica de GTP y EGCG antes de la exposición a UVB protege contra la supresión inmune local o sistémica inducida por UVB en animales de laboratorio. Este hecho ha sido asociado con la inhibición de infiltración de leucocitos inflamatorios inducida por UVB. Los estudios in vitro y los estudios in vivo en animales y humanos han sugerido que GTP son foto-protectores en naturaleza, y pueden ser utilizados como agentes farmacológicos para la prevención de desórdenes dermatológicos inducidos por UVB de la luz solar, incluyendo foto-envejecimiento y cánceres tipo melanoma y tipo no melanoma.

Control de peso corporal

El interés actual en el papel de los alimentos funcionales en el control de peso se ha enfocado en ingredientes vegetales capaces de interferir con los sistemas simpatoadrenales. Los efectos de la alimentación a largo plazo con catequinas de té han sido ampliamente estudiados, y algunos investigadores sugieren un papel potencial del té verde en el control de peso. Adicionalmente, se ha encontrado que la cafeína y la teína refuerzan los efectos de los polifenoles en el control de peso corporal y la acumulación de grasa en ratones.

Estudios in vitro con extractos de té verde conteniendo 25% de catequinas han mostrado su capacidad (en condiciones similares a las fisiológicas) para inhibir significativamente la lipasa gástrica. Por tanto, la lipolisis de triglicéridos de cadena larga es reducida en 37%. Estudios in vitro también han mostrado que los extractos de té verde interfieren en el proceso de emulsificación de grasa, el cual ocurre antes de que actúen las enzimas, y es indispensable para la absorción intestinal de lípidos. El té verde también exhibe actividad inhibidora de por lo menos una ácido graso sintetasa. Adicionalmente, el té verde puede tener propiedades termogénicas, atribuibles no solamente a su contenido de cafeína, sino al efecto conjunto de cafeína y catequinas. EGCG puede actuar sobre los niveles de adenosina monofosfato cíclico (AMPc, por sus siglas en inglés) incrementando el gasto energético.

Utilizando un extracto de té verde rico en catequinas y cafeína, se ha concluido que el té verde tiene propiedades termogénicas y promueve la oxidación de grasa más allá de las explicadas por su contenido de cafeína per se; el extracto de té verde puede jugar un papel en el control de composición corporal vía activación simpática de la termogénesis, oxidación de grasa, o ambas. Se ha indicado que las propiedades termogénicas del té verde podrían residir primariamente en una interacción entre su alto contenido de catequinas y la presencia de cafeína con la noradrenalina liberada simpáticamente; los polifenoles son conocidos por su capacidad de inhibir la catecol-o-metil-transferasa (la enzima que degrada la noradrenalina), y se sabe que la cafeína inhibe las fosfodiesterasas transcelulares (enzimas que descomponen el AMPc inducido por noradrenalina). Dicha acción sinérgica entre polifenoles y cafeína para incrementar y prolongar la estimulación simpática de la termogénesis podría ser de valor como soporte en el manejo de la obesidad.

De acuerdo a algunos autores, los extractos de té verde (con un contenido de catequinas del 25%) puede ser recomendable para el tratamiento contra el sobrepeso en pacientes cuyo índice de masa corporal está entre 25% y 29.9%, solamente si no presentan sensibilidad especial a las bases xánticas (alcaloides derivados de la purina).

Tolerancia a la glucosa y sensibilidad a la insulina

Las observaciones epidemiológicas y estudios en laboratorio han mostrado que el té verde tiene un efecto en la tolerancia a la glucosa y en la sensibilidad a la insulina. Se ha reportado que el té verde incrementa la actividad de la insulina y que el componente activo predominante es EGCG; también se ha indicado que la adición de limón al té no afecta la actividad potenciadora de insulina pero la adición de 50 g de leche por taza disminuye la actividad potenciadora de insulina en un 90%.

Examinando el efecto de la suplementación con té verde en la tolerancia a la glucosa y la sensibilidad a la insulina en ratas, estas fueron divididas en 2 grupos y el grupo de control fue alimentado con alimento estándar y agua destilada desionizada, mientras que el otro fue alimentado con la misma dieta pero con té verde en lugar de agua (0.5 g de polvo de té verde liofilizado disuelto en 100 ml de agua destilada desionizada); luego de 12 semanas de suplementación con té verde, este grupo tenía niveles plasmáticos menores en ayuno de glucosa, insulina, triglicéridos y ácidos grasos libres que las ratas del grupo control. Adicionalmente, GTP disminuyó significativamente la toma de glucosa basal y la estimulada por insulina en los adipocitos. Algunas investigaciones han mostrado que EGCG no solamente regula el nivel de glucosa en la sangre, sino que también rehabilita las células beta (células β) dañadas.

Otros efectos

Se ha reportado que las catequinas del té verde poseen actividad antibacteriana y antiviral. La efectividad del té verde contra cualquier tipo de diarrea y tifoidea se ha conocido en Asia desde tiempos antiguos. Actualmente se sabe también que inhibe la reproducción y el crecimiento de muchas bacterias, entre ellas, algunos tipos de los géneros Salmonella, Clostridium o Bacillus. También se ha reportado un efecto inhibidor de las catequinas del té verde en la infección por Helicobacter pylori. Adicionalmente, se ha demostrado que el té verde no tiene efecto sobre la flora intestinal, lo cual es una enorme ventaja contra otros agentes bactericidas.

En relación a su acción antiviral, se conoce que el té verde previene que los cultivos de tabaco sean invadidos por el virus mosaico del tabaco (TMV, por sus siglas en inglés). Recientes investigaciones han confirmado que las catequinas inhiben completamente su crecimiento y reproducción. También se ha demostrado el efecto del té verde contra el virus de la influenza, especialmente en su etapa temprana, así como contra el virus Herpes simplex. Adicionalmente, se ha observado que la infección por adenovirus es inhibida in vitro por las catequinas del té verde.

Se ha indicado la actividad antifúngica de las catequinas de té verde contra Candida albicans, y la conveniencia de un tratamiento combinado con catequinas y dosis bajas de antimicóticos; este tratamiento puede ayudar a evitar los efectos secundarios de los antimicóticos.

El consumo del té verde también ha sido asociado con un incremento en la densidad mineral ósea, y ha sido identificado como un factor independiente de protección contra el riesgo de fracturas de cadera; este hecho ha sido considerado independiente del estatus de fumador, la terapia de reemplazo hormonal, el beber café y la adición de leche al té. Se han observado efectos positivos de los extractos del té verde y GTP en la proliferación y actividad de las células óseas. Se ha indicado que la densidad mineral ósea puede ser influenciada por varios compuestos químicos que están contenidos en los extractos de té (cafeína, fitoestrógeno, fluoruros, etc.)

Se sabe que los polifenoles del té verde poseen propiedades anti-fibróticas en la piel y en las arterias. La proliferación de células estrelladas hepáticas está estrechamente relacionada a la progresión de la fibrosis del hígado en las enfermedades hepáticas crónicas, y EGCG tiene un efecto inhibidor potencial en la proliferación de estas células.

El té verde refuerza la acción del sistema inmune sado que el té verde protege contra oxidantes y radicales. Se ha sugerido que la ingestión oral de té verde podría actuar como una terapia adyuvante para la prevención del rechazo de trasplantes en humanos. El papel neuroprotector de los extractos complejos ricos en flavonoides como aquellos de Ginkgo biloba, el té verde o el vino tinto liofilizado ha sido demostrado en varios estudios.

Investigaciones recientes sugieren que GTP posiblemente protege contra las enfermedades de Parkinson y Alzheimer. Los GTP han demostrado actividad neuroprotectora en cultivos celulares y en modelos animales, tales como la prevención de daño celular inducido por neurotoxinas; los efectos biológicos de GTP pueden beneficiar a pacientes con la enfermedad de Parkinson, aunque se requieren estudios a profundidad para investigar la efectividad y seguridad del té verde en humanos y para determinar los diferentes mecanismos del té verde en la neuroprotección. De la misma forma, los efectos neuroprotectores de la teína contenida en el té verde son foco de atención considerable, por lo que se esperan estudios adicionales.

Finalmente, se han descrito los siguientes efectos del consumo del té verde en la salud. El té verde se considera útil para picaduras de insectos debido a sus efectos antiinflamatorios y a su capacidad para detener el sangrado. Algunos estudios han sugerido una asociación inversa entre el consumo del té verde y el riesgo de formación de cálculos renales. Adicionalmente, los extractos de té verde y té negro llevan a un retraso en la progresión de la opacidad del cristalino en ratas con cataratas inducidas por selenita. Se ha reportado que el té verde actúa preservando el sistema de defensa antioxidante del cristalino. También se ha señalado el efecto benéfico del té verde en la intoxicación alcohólica.

Además de todas las propiedades señaladas, que han ayudado al reconocimiento del té verde como un alimento funcional por varios autores, no se debe olvidar su uso actual en la preparación de una amplia variedad de alimentos, preparaciones farmacéuticas, dentífricos y cosméticos. Este uso adicional es principalmente debido a su actividad antioxidante, que lo hace un conservador seguro, natural y eficiente.

Valor nutritivo del té verde

El consumo de té verde contribuye a la ingestión diaria de fluidos y si no se agrega azúcar, el consumo de energía es insignificante; además, la ingestión de cafeína es menor que en el café, el té negro o las bebidas carbonatadas a base cola. Adicionalmente, la contribución del té verde a la ingestión dietaria de compuestos antioxidantes (catequinas y otras substancias fitoquímicas, ciertas vitaminas como la vitamina C y minerales como manganeso, cromo, selenio y cinc) es muy interesante para promover la salud y el bienestar de los humanos, y más relevante que otras bebidas no alcohólicas ampliamente consumidas.

El contenido de manganeso es elevado, y el té es considerado una fuente rica de este elemento esencial. El manganeso es un constituyente de 3 metaloenzimas (arginasa, piruvato-carboxilasa y manganeso-superoxido-dismutasa) y activa un gran número de enzimas como las glucosil-transferasas, involucradas en la síntesis de mucopolisacáridos. La deficiencia de manganeso puede causar anormalidades en el metabolismo de carbohidratos, glucosaminoglucanos y colesterol.

Cromo, selenio y cinc también juegan un papel importante en el metabolismo humano, y el interés en estos elementos está en incremento dado que hay reportes que relacionan el estatus de elementos traza y las enfermedades oxidativas. El cromo está involucrado en el metabolismo de carbohidratos y lípidos; el signo más frecuente de deficiencia de cromo es la alteración de la tolerancia a la glucosa; este nutrimento ha sido asociado con diabetes y con enfermedades cardiovasculares. Los efectos benéficos de la suplementación dietaria de cromo, particularmente en grupos con deficiencias frecuentes, se han reportado reiteradamente.

El selenio funciona a través de selenoproteínas, varias de las cuales son enzimas de defensa oxidante; el selenio actúa como cofactor enzimático de glutatión-peroxidasa en la eliminación de radicales peróxido del organismo. Estudios epidemiológicos han mostrado los posibles efectos del selenio en la prevención y regresión del cáncer. La mayoría del selenio es ingerido en el alimento, pero los alimentos derivados de vegetales tienen un contenido variable de selenio, dependiendo de la zona en donde fueron cultivados.

Las enzimas con cinc participan en una amplia variedad de procesos metabólicos incluyendo la síntesis o degradación de carbohidratos, lípidos y proteínas. Este elemento es requerido para la síntesis de los ácidos desoxirribonucleico (DNA, por sus siglas en inglés) y ribonucleico (RNA por sus siglas en inglés); puede también jugar un papel en la estabilización de las membranas plasmáticas. Se ha reconocido que el cinc es un cofactor de la enzima superóxido-dismutasa, la cual está involucrada en la protección contra los procesos oxidantes (también conocidos como procesos oxidativos).

En los Estados Unidos se ha definido un consumo adecuado de manganeso en 2.3 y 1.8 mg/día para hombres y mujeres adultos, respectivamente, y un nivel superior de consumo tolerable de 11 mg/día para adultos. Los valores de consumo adecuado de cromo son 35 y 25 µg/día para hombres y mujeres jóvenes, respectivamente. La recomendación dietaria para cinc es 8 y 11 mg/día para hombres y mujeres adultos, respectivamente y el nivel superior de consumo tolerable es de 40 mg/día. La recomendación dietaria y el nivel superior de consumo tolerable se selenio para adultos es 55 y 400 µg/día, respectivamente. El contenido de minerales antioxidantes en las hojas del té verde (rango promedio) es de 111.4-291.0 ng/g para cromo, 236.6-1069.7 µg/g para manganeso, 48.5-455 ng/g para selenio y 57.5 ng/g – 44.3 µg/g para cinc, dependiendo del lugar de origen.

Adicionalmente, el té verde contiene más vitamina C que el té negro y el té oolong; el contenido total de vitamina C en las hojas de té disminuye durante el proceso de manufactura de los tés fermentados, aunque los datos del contenido de vitamina C en el té verde son escasos. Debido al hecho de que el consumo de té verde en las dietas occidentales (excepto Marruecos) es escaso y ocasional, su contribución a la ingestión dietaria de antioxidantes es baja. Por ejemplo, se ha evaluado la contribución de las bebidas más consumidas a la ingestión de antioxidantes en la dieta española, en donde la ingestión estimada de vitamina E es de 1623 mg y de vitamina C es de 598 mg por el procedimiento FRAP (ferric reducing ability of plasma). El té contribuye solamente con 3%-5% del total, mientras que el café y el vino tinto son los principales contribuyentes. Sin embargo, todas las propiedades mencionadas arriba, demuestran que el té verde puede ser considerado una alternativa a otras bebidas ampliamente consumidas, las cuales tienen un mayor contenido de energía y/o cafeína, y son más ricas en azúcares, alcohol, bióxido de carbono, etc. Además, el beber té es una forma óptima de combatir la sed debido a sus propiedades refrescantes, su sabor ligeramente amargo, su bajo efecto ligador y su aroma afrutado y agradable. Su preparación es sencilla, no complicada y variada.

Efectos perjudiciales del sobreconsumo de té verde

Los efectos perjudiciales del consumo en exceso de té (negro o verde) se deben a 3 factores principales: 1) su contenido de cafeína, 2) la presencia de aluminio y 3) los efectos de los polifenoles del té en la biodisponibilidad de hierro. El consumo del té verde durante todo el día mejora el desempeño cognitivo y psicomotor de adultos sanos en una forma similar al café, pero es menos probable que el té verde (que tiene menor contenido de cafeína) interrumpa la calidad del sueño por la noche que el café.

Se ha reportado que la presencia de cafeína es más alta en el caso de los tés negros (41.5-67.4 mg/g), mientras que el té verde y el té oolong muestran un contenido medio de cafeína de 32.5 y 29.2 mg/g, respectivamente. El contenido de cafeína del té verde puede variar de acuerdo al tipo de té y la forma de preparación; generalmente el té embolsado produce un mayor porcentaje de cafeína que las hojas de té en el producto final para beber. En cualquier caso, aunque el contenido de cafeína del té verde es bajo, su consumo no es recomendable en casos de sensibilidad especial a las bases xánticas. Los efectos negativos producidos por la cafeína son nerviosismo, desórdenes del sueño, vómito, cefalea, dolor epigástrico y taquicardia. Los efectos negativos de la teofilina son similares a los de la cafeína, pero solamente con el consumo en altas cantidades. Por tanto, el té verde no debe ser consumido por pacientes que adolecen de condiciones cardiacas o problemas cardiovasculares importantes. Las mujeres embarazadas o lactando no deben beber más de 1-2 tazas/día, ya que puede causar un incremento en el ritmo cardiaco. También es conveniente controlar el consumo concomitante de té verde y algunos medicamentos, debido a sus efectos diuréticos.

En relación a la presencia de aluminio en el té negro y el té verde, algunos estudios han revelado la alta capacidad de esta planta para acumular aluminio. Este aspecto es importante para pacientes con falla renal porque el aluminio puede acumularse en el cuerpo, resultando en enfermedades neurológicas; es por lo tanto necesario controlar la ingestión de alimento con altas cantidades de este metal. La posible conexión entre el contenido tisular elevado de aluminio y problemas como osteomalacia y desórdenes neurodegenerativos ha despertado interés en la ingestión dietaria de aluminio. Se ha encontrado que la concentración promedio del té verde y el té negro (como infusiones) está en el rango de 431-2239 µg/litro, mientras que el café tiene concentraciones mucho más bajas (9.1-30.8 µg/litro). De acuerdo a varios autores, la ingestión dietaria de aluminio no debe exceder los 6 mg/día a fin de evitar niveles potencialmente tóxicos. Se ha observado que el té negro contiene casi 6 veces más aluminio que el té verde, y la extracción de aluminio en los tés negros es más alta que la observada en los tés verdes. Las variaciones entre diferentes muestras pueden ser debidas a diferentes condiciones de suelo y períodos de cosecha, así como debidas a la influencia de la calidad del agua.

Siguiendo esta línea de estudio, varios autores han considerado que el aluminio parece no ser mucho más biodisponible en el té que en otras fuentes dietarias. Aun así, no puede ignorarse que las infusiones de té pueden contener compuestos particularmente biodisponibles y neurotóxicos como el maltolato de aluminio. En este respecto, se ha reportado que la composición de las especies de aluminio podría variar dependiendo del método de producción del té, y para los tés no fermentados, la mayoría del aluminio liberado es principalmente encontrado en compuestos orgánicos grandes o pequeños; en los complejos orgánicos con masas moleculares pequeñas, como los citratos, los complejos con aluminio son más biodisponibles que en los complejos inorgánicos (como el hidróxido), pero generalmente el aluminio es absorbido pobremente por el cuerpo. Estudios en proceso y futuros podrán confirmar la presencia y biodisponibilidad de aluminio en las hojas de té verde.

Varios estudios han demostrado que el té negro parece inhibir la biodisponibilidad de hierro no-heme en 79%-94% cuando ambos son consumidos concomitantemente; el impacto de esta interacción depende del consumo de hierro y el estatus de hierro del individuo. De igual manera, las catequinas del té verde pueden tener afinidad por el hierro, y las infusiones de té verde pueden causar una disminución significativa de la biodisponibilidad de hierro dietario. Por un lado, algunos autores afirman que el té no puede ser consumido por pacientes que sufren de anemia (por ejemplo, la anemia por deficiencia de hierro entre niños en Arabia Saudita y el Reino Unido puede ser exacerbada por el consumo regular de té con las comidas), mientras que por el otro lado, este efecto podría ser benéfico para pacientes con hemocromatosis genética. Es importante mencionar que la interacción entre el té y el hierro puede ser mitigada por la adición de limón o consumiendo el té entre comidas y no con éstas.

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