La integración de los procesos mentales, las sensaciones y las emociones en el entrenamiento han sido sistemáticamente olvidadas a favor de los programas de entrenamiento. Sin embargo, estamos de acuerdo en que la motivación y la mentalidad son dos actores imprescindibles a la hora de conseguir y sostener un máximo rendimiento, ¿Por qué muchos entrenadores, instituciones deportivas, programas de entrenamiento, centros…siguen planteando intervenciones metodológicas que no las incluyen o las tienen en cuenta como factor vital en este proceso?

Tenemos mucha evidencia de que tanto la motivación como la mentalidad se pueden entrenar, y se pueden mejorar. Además, y como no podría de ser de otra forma, estas interactúan en una forma dinámica y no lineal con la carga de entrenamiento. Es por ello que el trabajo mental no solo debe aplicarle al deporte, si no que debe de integrarse con el entrenamiento.

Realizar ejercicios de meditación o gestión del esfuerzo en reposo es bastante sencillo, pero críticamente complicado cuando el corazón late a doscientas pulsaciones por minuto y nuestro dialogo interno nos convence de que bajar el ritmo es la mejor decisión.

La capacidad de soportar el esfuerzo podría tener un componente genético, pero todo apunta a que está más mediada por el entrenamiento y nuestra evolución vital, ya que los deportistas de elite o profesionales demuestran una tolerancia al dolor y al esfuerzo mucho más alta que el resto de la población.

Aunque no nos engañemos, los deportistas profesionales o de élite, sentimos el mismo dolor y esfuerzo que las personas deportistas recreacionales o no deportistas, simplemente hay una mayor capacidad de aguante, tiempo que es medido y percibido por el mismo umbral, pero con diferente perfil fisiológico sensorial. Scott en 1981 fue el primero en mostrar que el umbral de dolor entre deportistas de elite y recreacionales es idéntico – ambos grupos sentían el mismo grado en una escala al aplicarles unas esposas que les cortaban la circulación de la mano, pero los primeros eran capaces de tolerarlo un 48% más de tiempo antes de pedir que parasen.

Sin embargo, se ha reportado que el dolor puede ser extremadamente satisfactorio para los deportistas altamente entrenados y motivados. Scott postula que las vías de conducción de las señales desde los receptores hasta la corteza cerebral y la forma en que ésta procesa dicha información eran diferentes en ambos grupos, y esto no es aplicable a la genética si no al hábito. También anotó que la capacidad de soportar el dolor está relacionada con el entrenamiento es consecuente con los cambios encontraos en la aptitud de enfrentar este desgaste en diferentes puntos de la temporada.

O`Leary y compañía realizaron un estudio para analizar si el entrenamiento de resistencia mejoraba la tolerancia al dolor, a partir del tiempo que podía mantener la mano en un recipiente de agua casi congelada. El grupo que entrenaba alta intensidad lo soporto un 41% mejor, y el que se ejercitó a media y baja intensidad no experimento ninguna mejoría. Esto indica que la capacidad de sufrir más se trabaja…sufriendo. Y, además, los sujetos que más desarrollaron su capacidad de sufrir también mejoraron un 38% su rendimiento en carrera.

Aparte de esto, la predisposición a sufrir no es simplemente algo mental, ya que cambia según nuestro estado físico, por ejemplo, el – overtraining – (sobreentrenamiento como estado clínico) empeora nuestra capacidad de resistir el esfuerzo.

No hace mucho, hice una publicación en mi Instagram a la que nombré – El dolor es obligatorio pero el sufrimiento es opcional – Reflexión que desde hace muchos años me ha dado más de lo que podéis imaginar Link de la publicación.

En este caso la experiencia, me ha dado mucho para estar muy de acuerdo con esta frase. Hay un pensamiento bastante equivocado sobre el sufrimiento y el dolor, ya que a menudo se utiliza el termino sufrimiento como sinónimo de esfuerzo o de dolor, cuando ninguna de las tres palabras refleja lo mismo. Cuando se dice que a los deportistas “les gustan sufrir”, en realidad, os estáis confundiendo. Lo que nos gusta es el esfuerzo, y, más allá de este esfuerzo, el premio que obtenemos con él y esto para cada atleta o deportista profesional puede ser muy diferente.

Hay una idea popular y errónea la de creer que quienes ganan son los que mas sufren en una competición. La realidad es diferente, los que ganan es porque soportan un mayor esfuerzo y gestionan de mejor manera el dolor, pero quienes mas sufren son lo que van peor, los que no consiguen metas, los que están lesionados etc. El sufrimiento es un sentimiento y el esfuerzo es una percepción.

Uno puede estar esforzándose al máximo, y aun así, en parte, disfrutándolo. Es lo que ocurre cuando estás al lado de tus rivales en un importante. No solo se disfrutan placeres inmediatos, sino también el proceso hacia su consecución.

Hay dos formas de mejorar nuestra relación con el esfuerzo y evitar el sufrimiento:

Disociativas, tratar de minimizar la sensación de esfuerzo y dolor.

Asociativas, sentir el esfuerzo, pero vinculándolo a emociones positivas, a experiencias que nos acercan a nuestros objetivos.

La estrategia disociativa consiste en abstraernos de nuestras sensaciones. Por ejemplo, mediante estrategias como el cambio de foco atencional, meditación, etc…estrategias basadas en cambiar tu atención a actos que te hacen mas presente en algo mecánico, por ejemplo, la respiración, el ritmo, la cadencia o cualquier sensación propia de la propia ejecución hará que te centres en algo externo y por ende te distraerá de lo desagradable que puede ser la sensación de esfuerzo o dolor experimentada.

Pero sin duda, las estrategias Asociativas son las que más evidencia científica tienen en cuanto a su utilidad para la mejora del rendimiento. Esta consiste en asociar el dolor a aspectos positivos para nosotros. Se trata de verlo como un camino temporal y necesario que nos lleva a la consecución de un objetivo que nos va a reportar más beneficios que coste.

¿Cómo podemos aplicar la aceptación del esfuerzo, y su asociación a una emoción positiva?

Todo lo bueno viene tras el esfuerzo, si lo evitas, impides la mejora. En otras palabras, se trata de amar el proceso y reciclar el dolor. Muchas veces antes de una clase a mis alumnos les digo, recibir el dolor con «alegría» con tranquilidad y serenidad…ya que para mí esto es la clave, cuando consigas aceptar y reciclar el dolor, será el momento en el que pasará a tener menos impacto en ti, de ahí la frase de,

«El dolor es obligatorio pero el sufrimiento es opcional» ya que el sufrimiento siempre va a venir de la sorpresa. Sin embargo, si previamente aceptas que vas a recibir dolor, mucho dolor, y dejas literalmente que pase por encima tuya, será cuando la sorpresa se volverá más débil, pero solo de esta manera, eligiéndolo conscientemente, es cuando te conviertes en director, lo controlas en cierta parte, en vez de ser su víctima, y en definitiva es por esto que el sufrimiento puede ser opcional. Sufres porque no sabes gestionar el dolor y esto es un aspecto que se entrena. Prueba esto el próximo día de entreno, reflexiona antes del entrenamiento, de manera interna háblate hacia el control, la aceptación y reciclaje de este dolor y realmente evitarás el sufrimiento.

Tenemos que intentar asociar la recompensa con el esfuerzo realizado, y no con el resultado, para dejar de ver este dolor como un limitante y pasar a considerarlo el camino adecuado. El esfuerzo es el camino y aún así siempre he pesado que siempre estamos en el proceso, nunca en el resultado.

Pensamientos asociativos:

“Me queman las piernas, esto es señal de que hay un gran esfuerzo”

Aplicado a tus rivales…

“Me queman las piernas, pero a los demás también, voy a hacerlos sufrir”

“Siento el esfuerzo, lo puedo soportar, estaba preparado para esto, he entrenado para esto, he recibido dolor para esto”

En definitiva, es importante destacar que estas estrategias han de utilizarse entrenando, haciendo series, haciendo repeticiones incluso en momentos no tan importantes ni con tanta estimulación porque esto llevará tiempo para establecerse y tener cierta efectividad y sobre todo, compitiendo. No podemos esperar realizarlas de forma adecuada en una competición sin ser capaces de dominarlas previamente.