Antes de nada, voy ha empezar explicando el proceso que tiene hoy en día, en la actualidad, la leche común que podemos encontrar en cualquier supermercado.

1. El hecho de que hoy día la leche sea un alimento a limitar más que a consumir, no es por la leche en sí, sino por cómo la hemos adulterado

2. La leche de vaca se ha consumido en Occidente por siglos, sin ningún problema. A lo sumo la fiebre de Malta, que acabó con el pasteurizado

3. El problema es que su consumo ha aumentado tanto, que su producción tuvo que optimizarse a nivel industrial para atender tanta demanda

4. Cuando pensamos en leche solemos imaginarnos a un señor mayor en una sillita ordeñándola artesanalmente. Nada más lejos de la realidad…

5. Hace algún tiempo, cuando la leche aún era un gran alimento, una vaca se ordeñaba 5 meses al año. Hoy día se las ordeña 300 días por año

6. De esos 300 días, la mayor parte de ellos están embarazadas. Esto se traduce en una gran presencia de hormonas en la leche resultante.

7. La leche de una vaca embarazada contiene hasta 33 veces más sulfato de estrona q la leche de una no embarazada, y 10 veces + progesterona

8. Este excesivo aporte de estrógenos ha llevado a la Harvard School of Public Health a poner la leche en el punto de mira de sus estudios.

9. La excesiva presencia de estrógenos en la leche se ha relacionado recientemente con el aumento de cáncer de testículos, próstata y mama.

10. Supongo que por ello Harvard retiró el icono de los lácteos de su “healthy plate” contradiciendo el My plate oficial

11. Ahora Harvard incluye en su “plate” el icono de un vaso donde se lee claramente “water”. Sólo en el lateral menciona la dosis de lácteos

12. Al tema hormonal, que ya es suficientemente grave, únanle los residuos de antibióticos y otras hormonas que POR LEY se inyectan al ganado

13. La Somatotropina bovina (BST), se sintetiza en laboratorio. Su forma recombinante (rBST) se inyecta para aumentar la producción de leche

14. La Somatotropina bovina recombinante se comercializa con el nombre de POSILAC. Adivinen quien es la única empresa q la comercializa…

15. MONSANTO. Vieja conocida de los que investigamos la seguridad alimentaria y nutricional, y defendida por todo “quimioguay” que se precie

16. La rBGH esta prohibida en Canadá, Japón, Australia y los 27 países de la Unión Europea por sus demostrados efectos negativos en la salud

17. En EEUU y Argentina, la rBGH sigue utilizándose indiscriminadamente. Curiosamente, dos de los “paraísos transgénicos” de Monsanto.

18. Además de sus efectos en la salud humana, la rBGH produce mastitis en un 80% de vacas inyectadas (según estudios de la propia Monsanto)

19. La solución, adivinen: más antibióticos inyectados para curarles la mastitis. Ah! Y el pus que supuran las mamas, adivinen donde va

20. Todo este cóctel de residuos de hormonas, antibióticos y sustancias varias va directamente a la leche, concretamente a su fracción grasa

21. Para vuestra sorpresa, os diré que la presencia de pus (o de sus componentes) en la leche que consumís, está legalmente permitida.

22. Obvio que no todas las leches son iguales. Les dejo un estudio q se hizo en España sobre 47 marcas: http://www.ocu.org/alimentacion/alimentos/informe/leche-grandes-diferencias-de-calidad544014 …

23. Como en todo, no se debe generalizar, pero en general es preocupante. Por suerte aún hay países como Nicaragua donde la leche es la que era

24. Lo dicho hasta aquí se refiere sólo a hormonas, antibióticos etc. Pero hay otro punto importante: la alimentación de las vacas también ha cambiado

25. ¿Ya sabemos que somos lo que comemos no? Pues las vacas también, y esa alimentación se refleja en la composición nutricional de su leche

26. ¿Cómo va a ser igual la grasa de la leche de una vaca que comía hierba, rica en omega3, q la de una actual que come cereales ricos en omega6?

27. La porción grasa de un alimento es quizá la más importante para nuestra salud, seguida de la proteica. La de la leche dejó de ser sana.

28. Visto que lo negativo nutricionalmente se concentra en la grasa, seguro q ya están pensando en la solución: la Leche Desnatada, Pues No

29. Las vitaminas liposolubles como la A y la D, desaparecen al desgrasar la leche. Si se las agregan, tendrás que tomar grasa para absorberlas

30. ¿De qué sirve tomar leche desnatada por muy enriquecida que esté si luego tengo que tomar otra grasa para absorber sus nutrientes?

31. La leche desnatada tampoco parece tener ningún efecto en prevención de obesidad, como dicta este reciente estudio http://repartodesalud.com/empezar-a-tomar-leche-desnatada-no-evitar-la-obesidad-de-su-pequeo-segn-un-estudio/ …

32. Sigamos buscándole beneficios a la leche que no tengan otros alimentos “no profanados” por la mala praxis de la industria… ¿El Calcio?

33. El hecho de que un alimento sea rico en un nutriente, no implica que vayamos a absorberlo todo. Aquí entra la biodisponibilidad.

34. EEUU es el mayor consumidor de leche de vaca del mundo, y también el rey en osteoporosis. En Grecia ocurre algo parecido… ¿qué estará mal?

35. Probablemente, como cada vez más estudios confirman, el exceso de calcio sea más perjudicial que beneficioso: http://www.4.waisays.com/CalcioExcesivo.htm …

36. Si de calcio se trata, hay alimentos como las almendras (y su leche) que, en mi opinión, suponen mejor fuente de éste y otros minerales.

37. Hay un nutriente en la leche que sí es especial: la proteína del suero (Whey protein) vieja conocida de todos los amantes del deporte.

38. La Whey Protein es especial por ser la de mayor valor biológico conocida. Hoy día, es fácil comprarla ya aislada, actualmente las personas creen que los batidos de suero de leche ‘’de proteínas’’ son perjudiciales, y no es más que suero de leche, que en realidad, son más ‘’sanos’’ que cualquier leche, todo en su medida.

39. Así, por mucho que busco una razón nutricional para tomar leche de vaca y correr el riesgo de sus “nuevos integrantes” no la encuentro.

40. Un día fue un buen alimento que complementar con el resto. Lástima que NOSOTROS lo hayamos convertido en uno a limitar, pero es cierto que ahora no está en su mejor momento, son numerosas personas las que se ven afectadas por la leche, y al dejar de consumirla, su recuperación es notable.

41. Insisto, no estoy en contra de la leche, sino de lo q la industrialización mal entendida y la mala praxis en su obtención han hecho de el un alimento a evitar

45. Leche de almendra, de avena, de arroz…hasta de alpiste he visto. Todas parecen mejores alternativas, si es leche lo q quiere beber

47. Por último, lo de que el hombre es el único animal que bebe leche después del destete. Es ridículo ese argumento…

48. Obvio que ningún animal puede ordeñar una vaca, o comprar su leche en el súper, pero si se la dan en un plato, verán si se la bebé o no

49. Y aquello de que no necesitamos leche después de la lactancia… tampoco necesitamos chorizo, y bien que muchas personas los comen.

50. Dejo un estudio sobre esto: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/m/pubmed/23256145/ … Y les recomiendo ver los de Harvard, sobre todo los de la Dra. Ganmaa Davaasambuu

piensa monica, el por qué, en países con alto consumo de leche, como Colombia y Estados Unidos, la osteoporosis y la osteopenia (enfermedad por deficit de calcio) abunda en la población femenina. Todo lo contrario de China y Japón, en donde no hay consumo de leche y la osteoporosis no existe. Pot lo que esto mi expeiencia me dice que:

– o las personas que consumen leche, no consumen ningún otro alimento que contenga calcio pensando que ya obtienen todo lo que deben de obtener de la leche, (cuando no es así)

– o que la leche que consumen, no es nada mas que agua, azúcar, es decir de todo menos calcio. (nada como la verdura para obtener el calcio créeme)

Eso por mi experiencia ahora voy a darle una vuelta a los estudios mas relevantes que hay sobre ella…
¿La leche y los lácteos engordan?
Desde que hace años aparecieron en el mercado los lácteos bajos en grasas o desnatados,parece que  se nos condenó a casi todos a su consumo. La generosa cantidad de grasas de contienen las versiones normales o enteras, especialmente de saturadas, son uno de los demonios alimentarios que cualquier médico elimina de una dieta considerada prudente o dirigida a prevenir o reducir la obesidad. Nunca ha sido necesario demasiado debate; si los lácteos altos en grasas pueden ser sustituidos por sus homólogos casi sin grasas ¿por qué no hacerlo?
Lo cierto es que muchos hemos seguido estas directrices durante años, ya que tampoco nos suponía demasiado esfuerzo. Como la oferta de desnatados es enorme, la disponibilidad de productos es más que suficiente y ha bastado con sacrificar un poco (o un bastante) el delicioso sabor de la leche entera, que sin duda se ve afectado negativamente.
Pero de nuevo una reciente revisión parece que nos empuja a pensar que la teoría es una cosa y la práctica otra.
En 2012 se publicó en el European Jounal of Nutrition la amplia revisión “The relationship between high-fat dairy consumption and obesity, cardiovascular, and metabolic disease”, analizando los resultados de estudios que han investigado el consumo de lácteos altos en grasas con la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares durante la última década. Y, aunque son todos estudios observacionales, los resultados son bastante categóricos.
Ninguno de los estudios seleccionados encontró correlación entre los lácteos altos en grasas y la obesidad. De hecho, la mayor parte de ellos (11 de 16) encontraron una relación inversa, es decir, que las personas que más lácteos de este tipo ingirieron, más delgados estaban o máspeso perdieron. Curiosamente y al contrario de lo que podría esperarse, no se encontró que los productos bajos en grasa o desnatados favorecieran un menor peso o ayudaran a prevenir la obesidad. Y no es la primera vez que se llega a esta conclusión, por ejemplo, los expertos que realizaron el estudio “Influence of dairy product and milk fat consumption on cardiovascular disease risk: a review of the evidence” (2012) opinaron lo mismo.
También en 2012 se publicó en Internation Journal of Obesity el meta- análisis “Effect of dairy consumption on weight and body composition in adults: a systematic review and meta-analysis of randomized controlled clinical trials”, analizando más de una docena de este tipo de estudios (sin diferenciar el tipo de lácteo, entero o desnatado) divididos en dos grupos, en función del tipo de intervención: Por un lado los que no incluían restricción calórica y por otro los que sí lo hacían. Según los autores, en el caso de dietas con restricción calórica las personas que tomaron más lácteos adelgazaron más que los que tomaron menos. Y en las que no había restricción calórica no se identificó una diferencia estadísticamente significativa entre los que más lácteos, los que menos tomaron y la obesidad. Además, en ambos grupos los que más lácteos tomaron consiguieron reducir más rasa corporal y contorno de cintura y por otro lado aumentaron su masa magra o muscular. Es decir más lácteos dieron lugar a más beneficios.
Poco después, también en 2012, pudimos conocer otro meta-análisis sobre 29 estudios de intervención  aleatorios, “Effects of dairy intake on body weight and fat: a meta-analysis of randomized controlled trials”. encontró que el tomar lácteos se relacionaba con el sobrepeso
En definitiva, todas estas recientes revisiones y meta-análisis deberían llevarnos a una conclusión bastante poco discutible, vistas las evidencias: Tomar lácteos, puede ser bastante relativo, como ya he explicado antes, es QUE leche, cual, es lo importante, que LECHE COMPRAS….
¿Deben tomar los niños leche desnatada para prevenir la obesidad?
En diversas directrices oficiales de varios países se ha promovido la priorización de los lácteos desnatados sobre los enteros e incluso la de dar leche desnatada a los niños para prevenir la obesidad. Sin embargo, tras leer el apartado anterior, le he mostrado que no hay claras evidencias científicas en contra de los lácteos enteros, al contrario. Por lo tanto la sugerencia de tomar leche desnatada (que realmente pretender reducir la ingesta de grasas saturadas) pierde bastante consistencia.
Centrándonos en el colectivo infantil, lo cierto es que las evidencias a favor de los lácteos
desnatados son . Por no decir inexistentes.
La comparación directa entre ambos tipos de leche se realizó en un estudio de 2013 “Longitudinal evaluation of milk type consumed and weight status in preschoolers”, en el que se analizó la evolución del peso de 10.000 preescolares que tomaban leche entera o leche desnatada. Aunque es un estudio observacional, es del tipo longitudinal, es decir, que realiza seguimiento al mismo grupo de individuos durante un tiempo, por lo que permite ver su evolución en función de los cambios en diversos factores. Los investigadores concluyeron que la leche desnatada no se correlacionó con un menor sobrepeso, sino todo lo contrario. Y, además, el hecho de empezar a incluirla en la dieta no sirvió para reducir la incidencia de obesidad o revertirla.
Tiene usted razón si está pensando que éste es un estudio observacional y que lo ideal sería disponer de estudios de intervención en los que, de forma aleatoria, se hubiera dividido a los sujetos en dos grupos y se les hubiera suministrado leche desnatada o entera, sin cambiar ningún otro factor. Sin embargo, no he podido encontrar un estudio de este tipo, supongo que porque experimentos de esta naturaleza con niños son éticamente discutibles. Lo más parecido que he conseguido es el estudio de 2012 “Skim milk, whey, and casein increase body weight and wheyand casein increase the plasma C-peptide concentration in overweight adolescents”, en el que un grupo de 200 adolescentes con sobrepeso se dividió en 4 subgrupos de forma aleatoria y a cada uno de ellos se dio a tomar un litro diario de diferentes líquidos: Agua, leche desnatada, y dos tipos de batidos de proteínas (whey y caseína), durante 12 semanas.
¿Y saben qué ocurrió con el grupo de leche desnatada? Que, al igual que los otros dos comparado con el que tomó agua, sufrió un mayor aumento de peso.
Por lo tanto, viendo los resultados de estos dos estudos y de todos los citados en el apartado anterior, me parece que cuando menos es poco riguroso priorizar la leche y lácteos desnatados entre los niños para evitar la obesidad o prevenir enfermedades.
Y me van a permitir añadir otra importantísima razón, en mi opinión. Esta recomendación desvía el foco de atención del verdadero problema que está asociado a la ingesta de lácteos entre el colectivo infantil. Me refiero a lo que yo suelo llamar los “lácteos-chuches”. Sí, esas cosas que
se les da a menudo a los niños en el desayuno o merienda, pensando que por tener la palabra “lácteo” o “leche” en su etiqueta, es aceptable:
– Leche con gran cantidad de polvos de chocolate u otros (cacao y similares) y azúcar.
– Leche con cereales infantiles (aquí puede leer más sobre ellos), cuya composición es
fundamentalmente azúcar y cereales refinados (almidón), a la que además se le suele añadir todavía
más azúcar.
– Bebibles (por llamarlos de alguna forma) o pseudo-yogures de sabores, cargados de azúcar y otros
componentes innecesarios e indeseables.
En resumen, creo que se debería hacer más hincapié en la eliminación de todas estas versiones mediocres de los lácteos. Y, por el momento, dejar el tema de la leche desnatada entre los niños a un lado, al menos hasta que tengamos alguna prueba más sólida de su utilidad.
¿La leche y los lácteos provocan cáncer? ¿Y otras enfermedades?
Aunque mayoritariamente desde la comunidad sanitaria se defiende el vaso de leche como ejemplo y buena práctica de una alimentación sana y con calidad nutricional (por ejemplo con campañas gubernamentales como Get the Glass), el de la leche y los lácteos es un grupo de alimentos duramente castigado por las nuevas modas nutricionales. La propia intolerancia a la lactosa de una buena parte de los seres humanos ha contribuido a reforzar esta leyenda negra. O libros como “Your life in your hands”, escrito por la profesora de geoquímica Jane Plant, han avivado las llamas contra ellos, ya que su autora piensa que se curó de un cáncer de mama dejando de tomar leche y productos lácteos.
También las últimas tendencias de las llamadas dietas paleolíticas, sobre todo las más afines a las directrices de Loren Cordain, los restringen de forma importante, ya que según estos enfoques no estaban presentes en la dieta de nuestros ancestros. Argumento que se suele reforzar con la posible traza de antibióticos u hormonas que la industria utiliza con el ganado (algo que realmente puede
ser un problema) y con la supuesta degradación nutricional que ocurre durante la pasteurización. En concreto, este proceso en el que el producto se calienta a temperaturas elevadas durante muy poco tiempo con objeto de eliminar microorganismos, es uno de los más criticados, achacándosele una buena cantidad de inconvenientes que, según algunos, superan a su más que interesante eficacia esterilizadora.
Como ya imaginaran, para un servidor el argumento de “somos el único animal que sigue tomando leche de adulto” no es suficiente. También somos el único animal que duerme en un colchón, utiliza agua corriente, tiene sanitarios, pone pañales a sus bebés o se pone gafas, sin que por ello tenga que ser malo o negativo.
Aunque algunos de los defensores de estas teorías anti-lácteos proponen diferentes mecanismos y estudios para justificarlas, la forma más directa que tenemos de comprobar si realmente todos estos miedos tienen algún sentido es mediante los estudios epidemiológicos. Si los productos lácteos causan cáncer de mama, encontraremos una mayor prevalencia de esta enfermedad entre las mujeres que lo consuman en mayor cantidad. O si su ingesta afecta a las células de nuestro páncreas, también será evidente el aumento de la incidencia de la diabetes.
Por fortuna, recientemente se han publicado exhaustivas revisiones y meta-análisis sobre el tema, así que no tendremos que ir analizando estudio por estudio, porque muchos expertos ya lo han hecho con anterioridad. Vamos a ello.
Nutrientes y pasteurización
En 2011 se publicó el meta-análisis “A systematic review and meta- analysis of the effects of pasteurization on milk vitamins, and evidence for raw milk consumption and other health-related outcomes”, analizando los efectos de la pasteurización. Se concluyó que aunque el proceso provoca cierta disminución de la concentración de algunas vitaminas, no son muchas ni se trata de una  reducción especialmente importante. Respecto al consumo de leche cruda, en la revisión no se identificaron estudios sólidos que le encontraran ni ventajas ni inconvenientes  claros.
También en la publicación de “Unpasteurized Milk: A Continued Public Health Threat” (2009) se destacó por un lado la gran cantidad de riesgos que tiene consumir leche sin pasteurizar y por otro la falta de evidencias científicas que tienen las acusaciones de pérdida de nutrientes tras este proceso.
Cáncer
En 2011 se publicó el meta-análisis “Dairy consumption and risk of breast cancer: a meta-analysis of prospective cohort studies”, revisando
los estudios sobre el cáncer de mama y los lácteos. Y concluyó que un mayor consumo se correlaciona con una menor incidencia de este tipo de cáncer (relación inversa).
En 2012, en el meta-análisis “Dairy products and colorectal cancer risk: a systematic review and meta-analysis of cohort studies” también los investigadores concluyeron que un mayor consumo total de lácteos y leche se asociaba a un menor índice de cáncer colorrectal. A similares conclusiones
llegó el estudio de 2004 “Dairy foods, calcium, and colorectal cancer: a pooled analysis of 10 cohort studies”.
En la investigación “Milk and dairy consumption and risk of bladder cancer: a meta-analysis” (2011) no se encontraron pruebas científicas sólidas que asociaran el consumo de leche o lácteos con el cáncer de vesícula.
La revisión global “Evaluating the links between intake of milk/dairy products and cáncer” publicada en 2012 analizó los estudios que han investigado durante los últimos años la relación entre los lácteos y los cánceres de vesícula, próstata, mama y colon. Los autores no encontraron
evidencias claras de ninguna asociación con el de próstata y encontraron una relación inversa (más lácteos – menos cáncer) en el resto.
Cáncer de próstata
El cáncer de próstata requiere un poco más de detalle, porque es una de las enfermedades con las que hay mayor controversia después de que algunos estudios lo correlacionaran con los lácteos. Dado el interés que genera, se han realizado unas cuantas revisiones sistemáticas y meta- análisis, las cuales les detallo por orden cronológico, incluidas sus conclusiones:
En 2004 se realizó el meta-análisis analizando los estudios observacionales de caso-control “Milk consumption is a risk factor for prostate cancer: meta-analysis of case-control studies”, concluyendo que los consumidores de lácteos presentaban un mayor riesgo.
La revisión de 2005 “Milk consumption in relation to incidence of prostate, breast, colon, and rectal cancers: is there an independent effect?” no encontró relación consistente entre la ingesta de leche y el cáncer de próstata.
En el meta-análisis de 2005 “Prospective studies of dairy product and calcium intakes and prostate cancer risk: a meta-analysis” los autores concluyeron que, aunque pequeño (un 11%), parecía haber un aumento de riesgo entre los que más lácteos ingerían, comparados con los que menos.
En el estudio de 2007 “Milk consumption is a risk factor for prostate cancer in Western countries: evidence from cohort studies” se analizaron los estudios de cohorte (observacionales durante un periodo de tiempo) y se concluyó que las personas que más lácteos tomaban respecto a las que menos tenían un riesgo un poco mayor (13%).
En 2008 se realizó el mayor meta-análisisis sobre el tema, “Dairy products, dietary calcium and vitamin D intake as risk factors for prostate cancer: a meta-analysis of 26,769 cases from 45 observational studies”, incluyendo la valoración de 45 estudios observacionales, sin que se encontrara relación clara entre ambos factores.
La revisión de 2009 “Milk intake and the risk of type 2 diabetes mellitus, hypertension and prostate cancer” halló resultados contradictorios, por lo que los autores concluyeron que no hay evidencia  clara  para  llegar  a  conclusiones  de  aumento  de  riesgo.
La revisión sistemática de 2009 “A systematic review of the effect of diet in prostate cancer prevention and treatment” concluyó que un exceso de lácteos puede estar relacionado con un mayor riesgo.
La revisión “Evaluating the links between intake of milk/dairy products and cancer” de 2012, tampoco halló evidencia sólida de riesgos significativos para un consumo normal de lácteos.
Tras estas revisiones se ha publicado algún estudio más, con los siguientes  resultados:
“Whole Milk Intake Is Associated with Prostate Cancer-Specific Mortality among  U.S. Male Physicians”  (2013). Las personas que consumían más de 2,5 raciones diarias de lácteos presentaron un riesgo mayor de incidencia de este tipo de cáncer, aunque pequeño (12%)
“Milk and dairy consumption among men with prostate cancer and risk of metastases and prostate cancer death” (2012). Solo se encontró un aumento de riesgo para la leche entera, no para el resto
de lácteos.
Como pueden observar, la evidencia epidemiológica obtiene resultados poco concluyentes y contradictorios. Aunque hay una cantidad significativa de estudios que detectan un aumento del riesgo, dicho aumento es siempre pequeño, con valores similares a los que suelen encontrarse para la correlación entre la ingesta de carne y el mismo tipo de cáncer, por lo que el peligro de la influencia de otras variables no es descartable.
Diabetes
En el artículo de 2009 “Milk products, insulin resistance syndrome and type 2 diabetes” se destacó la correlación inversa (más lácteos – menos diabetes) entre el consumo de lácteos y la diabetes y el síndrome metabólico y se incluyeron las referencias de estudios que lo confirman. A similares conclusiones se llegaron en la revisión de 2010 “The consumption of milk and dairy
foods and the incidence of vascular disease and diabetes: an overview of the evidence”
Igualmente, en la revisión de 2012 “The relationship between high-fat dairy consumption and obesity, cardiovascular, and metabolic disease” en los diferentes estudios incluidos no se encontró ninguna relación entre los lácteos y la diabetes, o la que se encontró era una relación inversa.
Osteoporosis y fracturas
Aunque históricamente se ha promovido la ingesta de lácteos con el argumento de que el calcio que contienen ayuda a reforzar los huesos y prevenir la osteoporosis, se han hecho varias revisiones sistemáticas sobre estudios que investigan su relación con las fracturas de huesos y se ha concluído que en principio no parece haber correlación, ni a favor ni en contra. Así que no parece ser el mejor razonamiento para recomendarlos.
Los                estudios                son                los                siguientes:
• Milk intake and risk of hip fracture in men and women: a meta- analysis of prospective cohort
studies (2011)
• Calcium intake and hip fracture risk in men and women: a meta-analysis of prospective cohort
studies and randomized controlled trials (2007)
• A meta-analysis of milk intake and fracture risk: low utility for case finding (2005)
Mortalidad y otras enfermedades
En la revisión “The relationship between high-fat dairy consumption and  obesity,  cardiovascular, and  metabolic  disease”,  también  se analizaron 15 estudios sobre los lácteos y las enfermedades cardiovasculares y prácticamente en todos se encontró una relación inversa o ninguna relación.
La revisión “A systematic review and meta-analysis of elevated blood pressure and consumption of dairy foods” llegó a la conclusión de que un mayor consumo de lácteos desnatados se asocia a menor tensión arterial y que los lácteos enteros no tienen ningún tipo de asociación con dicha patología.
El meta-análisis de 2008 “The survival advantage of milk and dairy consumption: an overview of evidence from cohort studies of vascular diseases, diabetes and cancer” analizando los estudios que investigaron la correlacion entre los lácteos y la mortalidad a causa de enfermedades cardiovasculares, la diabetes y el cáncer, concluyó que existe correlación entre una mayor supervivencia y una mayor ingesta de lácteos.
Conclusión: Los lácteos son saludables y reducen la mortalidad
Me parece que las evidencias son de peso. Si usted no tiene ningún tipo de intolerancia, los lácteos y la leche no parecen ser malos en absoluto, más bien al contrario, su consumo habitual presenta gran cantidad de beneficios ya que están asociados a una reducción del riego en la mayoría de las enfermedades. Además, la decisión más razonable es tomarlos tras su pasteurización.
Por lo tanto, en mi opinión, aunque no hay que despreciar la posibilidad de aumento de riesgo en el cáncer de próstata, el balance global en cantidades normales (unas 2 raciones al día) sigue siendo favorable. Sin duda son necesarios más y mejores estudios que permitan obtener conclusiones con más seguridad. Y lo que no comparto son opiniones como las que pueden encontrarse con facilidad en internet, en las que se achaca casi todos los problemas de salud occidentales al consumo de leche, con frases e imágenes impactantes que utilizan el miedo y el morbo y basadas en falacioas y exageraciones.
La leche es un alimento complejo, con multitud de componentes y nutrientes, y por ello es habitual que sus efectos fisiológicos sean múltiples y variados en diferentes personas, por lo que también es importante considerar cada caso particular. Pero insisto, la epidemiología muestra que, en general, tomarla es saludable. Eso sí,siempre que tome leche, queso y yogur lo más naturales posibles y evitando los azúcares añadidos y el alto procesamiento, que dan como resultado final productos más parecidos a los refrescos o a las chucherías que a comida de verdad. Un bebible de los que se da a los niños en la merienda es mucho menos recomendable que un vaso de leche normal e incluso que un vaso de agua. Mi recomendación si se quiere beber leche, es, o comprar leche distribuida ecológicamente, la cual tendrá menos procesado, o comprar sustitutos , de almendras por ejemplo, que básicamente es agua y almendras. Estas serian unas opciones bastantes recomendables.